Aunque nunca se me ha considerado un “gordo”, en el último tiempo he experimentado un cambio muy grande a nivel físico. No podríamos decir que soy un “ex gordo”, pero al menos cada día que pasa me siento con más vitalidad que el anterior, y eso es un logro realmente importante.

Aquí les contaré la historia.


El incidente

Cuando entré a la universidad hace casi 10 años atrás, me convertí en un chileno promedio. En ese tipo que hace deporte dos veces al mes con los amigotes para jugar un partido (de lo que sea) y coronar la sesión con un asado. La típica persona que debe acompañar una conversación, break, almuerzos, juntas y lo que sea con un cigarrillo. Era el típico estudiante que cada vez que podía se tomaba una, varia, o demasiadas cervezas, y todo esto acompañado de una calidad de sueño realmente pobre, aunque todo eso, hasta que un día noté un cambio raro.

No se trataba del sobrepeso, que ya me tenía una o dos tallas por encima de las que tenía a los 18. Era algo más bien relacionado con la energía “vital” que tienes para vivir el día a día. Un día luego de subir cuatro pisos por las escaleras, al llegar arriba sentí que iba a explotar. Tenía el corazón acelerado, sudaba y tenía una especie de mareo.

Insisto, eran sólo CUATRO PISOS. Algo claramente estaba mal. Mi conclusión fue que ese ritmo de vida que tuve desde los 18 hasta los 21 claramente era insostenible.

Luego del incidente lo primero que hice fue comenzar a correr. Parecía sano, eficiente y los gadgets disponibles para complementar el running parecían divertidos. Partí corriendo 1.5K, luego salté a 3. En sólo unos meses podía correr 10 y 15K de manera antojadiza sin problema alguno. Lamentablemente un accidente relativamente menor, me dejó sin correr por cerca de 1 año, y cuando lo retomé, no sólo mi rendimiento había bajado drásticamente, sino que también conseguí una molesta periostitis en ambas rodillas y piernas por correr con calzado inapropiado.

Fue así como decidí entrar al gimnasio, con el único objetivo de tonificar y mantenerme activo. El incidente “casi muero subiendo escaleras” todavía no se olvidaba, así que todavía sentía la necesidad de hacer deporte constantemente para no empeorar mi condición física. Mi rutina, hecha 100 por ciento a medida, se basaba un 60% en trabajo cardiovascular y otro 40 en máquinas, pesas y similar y asistiendo entre 3 y 5 veces por semana a entrenar.

Seis meses después, figuraba yo en mi peor momento físico.

¿Por qué? Básicamente porque todo lo que sabía hasta entonces acerca de deporte y alimentación estaba mal, muy mal.

A pesar de leía mucho sobre nutrición, era el tipo de persona que vivía en función de las calorías, evitando ciertos tipos de grasas y dándole prioridad a los vegetales (a pesar de que siempre los he odiado). Para mi, tal como a mucha gente, un almuerzo sano es una ensalada césar, y claro, en primera instancia puedes perder peso al alimentarte con platos como ese, al final del día eso no indica que estés más sano o que tengas más energía. Por otro lado, pasar largas horas haciendo ejercicio cardiovascular ayuda sólo durante las primeras semanas de entrenamiento, hasta que tu cuerpo se acostumbra.

Es así como descubrí el Régimen del Genotipo, y me refiero a él como régimen porque considero que la palabra “dieta” no le hace ningún favor a lo que realmente es.

En mi caso, soy cazador, y el tipo de alimentación a grosso modo se le conoce como PALEO. Genéticamente, según los estudios del señor D’Adamo, el creador de esto, “estoy casi hecho para practicar deporte en lapsos relativamente cortos, pero en muy alta intensidad“.

El genotipo reveló todos los problemas que había en mi alimentación: mucha azúcar, muchos vegetales que provocaban inflamaciones, y un consumo desmedido de lácteos, lo que repercutía en mi rinitis aunque fuese invierno, verano, otoño o primavera, no se iba jamás, con nada.

Debo aclarar que nunca fui un genotipo-nazi, sobre todo porque en Chile encontrar productos libres dee gluten, como me correspondía a mi, cuesta muchísimo, y como no sé cocinar, lo único que me quedaba era morir de hambre todo el día, pero eso en mi caso no era una opción, así que el gluten digamos que sigue presente en mi dieta, aunque hoy en día sólo es el 30% de lo que solía consumir.

Paralelo a esto, fue cuando descubrí el deporte que terminó por cambiarlo todo.

Aclaro. No estoy en un box de Crossfit, y creo que al menos en el corto plazo no lo estaré, porque en primer lugar hay muy pocos en Santiago, y sus clases al ser con profesor, ofrecen un horarios muy estrictos para mi agenda y por último, porque ningún box de Crossfit ha ofrecido una relación precio/infraestructura que supere al O2, mi gimnasio actual.

¿Si no estoy en un box de Crossfit, cómo es que “hago Crossfit”?. Digamos que hago algo así como trampa.

Mi gimnasio tiene una clase de functional fit (entrenamiento funcional), que fue la que me entregó parte de los fundamentos que tengo hoy en día para entrenar, pero lo que a ella siempre le faltó eran los ejercicios de halterofilia, los que hasta ahora son de los que más te hacen sufrir, pero que dejan tu metabolismo convertido en una máquina de quemar calorías. Hacer esos levantamientos eso si no se consiguen de un día para otro, y gracias a que siempre O2 está lleno de entrenadores que te ayudan, yo me hice buen amigo de uno que cada vez que tomo las pesas, se acerca para corregirme posturas y tal. En 6 meses que llevo en esto jamás me he lesionado.

Todo esto eso si, porque utilizo esta aplicación, que es la que ha desarrollado mis WOD desde que partí.


¿Qué hace a Crossfit especial?

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Creo que más que Crossfit, es el ejercicio funcional (el padre de Crossfit) el que inherentemente es perfecto para todo el mundo, pues sustenta su efectividad en actividades que el ser humano ha realizado durante miles de años. Nuestro metabolismo está hecho –desde que estábamos en las cavernas– para que realicemos actividades “deportivas” muy duras durante cortos periodos de tiempo; trepar, correr, saltar, levantar objetos. Aún así es Crossfit, más que TRX, otro tipo de ejercicio funcional, quien ha logrado masificarlo este tipo de entrenamiento, ya que aparte de de integrarlo todo, a través de ejercicios funcionales, calisténicos[1. Ejercicios que permiten trabajar grupos musculares por sobre el entrenamiento de músculos individuales altamente controlados, como en el gimnasio], cardiovasculares y de halterofilia, posee tres pilares inquebrantables a los que debe su éxito.


Tienes resultados si o si

Siendo responsable con tu entrenamiento, el que debe ser entre dos o tres veces por semana, verás resultados inevitablemente y cuando hablo de resultados no me refiero al acto de vanidad de “lucir mejor frente al espejo”. En una actividad deportiva como esta, mides tus resultados comparándote con qué eras capaz de hacer el día de ayer, y desde esa perspectiva en Crossfit siempre mejoras. De hecho voy a presumir de algo muy ridículo, pero ya no me importa llevar mil bolsas desde el supermercado a mi casa, no lo veo como algo desagradable o tortuoso, pues no es nada que no haya hecho con los kettle que pesan el doble que un montón de todas estas bolsas juntas. Y bueno, repito, los resultados llegan, porque en serio el ser humano viene de fábrica hecho para practicar actividades físicas de esta forma: intensas y cortas.


La comunidad, la comunidad, la comunidad

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Llegar a un nuevo gimnasio o escuela deportiva nunca es muy agradable, pues la gente de niveles más avanzados podría intimidarte. En su lugar, cada box de Crossfit tiene una comunidad, con directrices mucho más grandes que ella que vienen directamente desde los HQ. El profesor, sus asistentes y sus alumnos crean un ambiente tan acogedor que te dan ganas de ir, entrenar, sufrir un poco y mejorar.


Su marketing

Con este aspecto, quizás me meta en problemas, ya que soy un outsider del Crossfit, pero resulta que la comunidad que mencionaba antes, paulatinamente genera un efecto sicológico sobre sus miembros, gracias a que cuenta con todos los puntos necesarios dentro de una estrategia de marketing efectiva.

Como les contaba, la comunidad tiene una misión clave, y es la de motivar a sus miembros, y eso lo hace uno, entregándote pertenencia. Al momento de ingresar a un box de Crossfit eres parte de algo más grande que ti. “Dolor es la debilidad saliendo de tu cuerpo” “Nunca sueñes con el éxito. Trabaja para alcanzarlo” son algunas de las frases que se leen entre camarines y conversaciones. Esa pertenencia o sentido de identidad es complementado con un lenguaje propio, con una jerga. Deadlift, burpees y más, son palabras que no cualquier mortal entiende, salvo que sea un asistente u espectador del climax de todo este marketing, llamado los Crossfit Games. (Algo así como el Lollapalooza de Crossfit)

La conclusión al final del día, es que si, Crossfit es un poco sectario, pero lo quieras o no, los resultados que entrega no sólo son personales, como en mi caso. El entrenamiento, incluso si hipotéticamente todo lo que he hecho durante 6 meses está mal en un 50%, el 50% de ese “seudo crossfit”, en mi caso ha generado un mejor rendimiento deportivo en todos los aspectos e incluso lo más importante de todo, la energía vital, se ha visto mejorada como si tuviera de nuevo 15 años, y eso, en serio, es impagable.

(Portada por Miss Tran)