Una patada giratoria con cinco vueltas al body shaming.

cuerpo

Hay algo en el cuerpo de las mujeres que nos hace tener, desgraciada o afortunadamente, la facilidad de cambiar nuestra silueta muchísimas veces a lo largo de nuestra vida. Las hormonas y, probablemente cientos de otros factores, son la razón de esto y no nos queda otra que aceptarlo, pero vaya que es difícil.

Cuando era una niña tenía un cuerpo absolutamente normal pero que siempre odié. Desde los ocho años, más o menos, recuerdo haber empezado a tener pensamientos negativos, me comparaba constantemente con mis amigas. Eso llegó hasta el punto en el que durante los primeros años de pubertad, me imagino que entre los diez y doce años, mi mamá se negó a acompañarme a comprar ropa porque, para serles sincera, se necesitaba un equipo de expertos que pudieran manejar mi ansiedad a la hora de enfrentarme al espejo del probador y no frustrarme porque alguna prenda no me entraba.

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Aquí arriba estoy yo, la de la izquierda. Después de una clara falta de autoestima, seguridad, amor propio o lo que quieran llamarle, tuve la conveniente idea de meterme al mundo del modelaje, donde el amor por mi cuerpo simplemente no existía y, obviamente, nadie en la industria la fomentaba. No importó que haya tenido la talla más pequeña que he tenido en mi vida, el odio por mi cuerpo se mantuvo hasta por lo menos mis 20 años.

Hoy día tengo la talla más grande que he tenido en toda mi vida y, a diferencia de las historias anteriores, no me veo como una persona delgada o tonificada. A pesar de eso, fue con esta talla y los centímetros que tengo actualmente que por primera vez me sentí tranquila conmigo y mi cuerpo. He comprendido que por algo las marcas de ropa hacen ropa de todas las tallas: para poder usarlas y cambiarlas cuando las necesites sin necesidad de culparte cada vez que tengas que ponértelas. 

Sé que predicar es mucho más difícil que practicar, pero aquí les dejaré un par de consejos que me han servido para poder cambiar mi manera de pensar y poder aceptar nuestro cuerpo.


No juzgar los cuerpos de otros

Cuando pude hacer el switch me di cuenta que me juzgaba a mi misma como enjuiciaba al resto y, como les conté antes, era una práctica constante. Esto me pasaba porque el mecanismo de practicar el “body shaming” se basa en la idea de que los cuerpos estaban hecho para ser juzgados, una premisa total y completamente banal. Mientras más he apreciado la confianza que veo en cada mujer y más me inspiro en cada una de sus diferencias, más me aprecio a mi misma. Eliminando las críticas y las comparaciones ayudan a entender que un cuerpo es solo un cuerpo y somos mucho más que eso.


Elegir bien la ropa

Por ejemplo, en mi caso, me costó darme cuenta que un traje de baño me hacía la vida mucho más fácil que salir en búsqueda de bikinis. Según la forma de mi cuerpo este me viene mucho mejor, además de hacerme sentir mucho más cómoda, pero fueron veinte años de sufrimiento antes de darme cuenta.

Esto no solo aplica para la difícil tarea de encontrar un atuendo para meternos al agua, sino que también en el calce de los pantalones que podría apostar que es lo más difícil de encontrar cuando estamos en la búsqueda de ropa. Cuando usas ropa que no te queda, te sientes como si no cupieras ni en la ropa ni en tu cuerpo, así que solucionar esto sin duda te ayudará un montón.


Usa siluetas que te acomoden

Relacionado a lo anterior, la comodidad en nuestros ropajes es la clave para pasar una buena jornada, ya sea en nuestros trabajos, estudios, etc. Busca las formas, siluetas y telas que te sean más cómodas para enfrentarte a un largo día y los cambios que experimenta tu cuerpo durante este. Comprarte ropa que solo le queda bien a un tipo de cuerpo te hará sentir incómoda en tu propia piel. A mi me sirvió mucho cambiar los pantalones de tiro bajo a los de tiro alto. Estos llegan hasta la cintura y, además de tener un corte de acuerdo a mi cuerpo cuando me pongo un cinturón, mi figura se estiliza mucho más. Pequeñas cosas pueden hacer cambios gigantes.


Equilibra tu alimentación

Estoy completamente en desacuerdo con las dietas, ya que estas me hacían ser una persona completamente desgraciada, porque, como a muchos, comer es lo que me hace más feliz en el mundo entero. Por eso, descubrí que la solución está en encontrar el equilibrio en la alimentación; aunque si bien gozo comiendo un chocolate, son otros los alimentos que mantienen mi salud física y sicológica. Al introducir más comidas saludables en tu dieta uno acepta y respeta el cuerpo como un instrumento en vez de un objeto. Tratar el cuerpo con cuidado demuestra cuanto nos importa.


Manténte positivo

Quererse y aceptarse a uno mismo es un trabajo de todos los días. Algunos días me levanto y digo: “este no es mi día”, pero está en mi darlo vuelta. A veces los días que más quiero ponerme ropa lo más parecida a un pijama, son los días que más tengo que esforzarme en sentirme bien y eso se acompaña de vestirme con una tenida que me empodere o simplemente pintarme las pestañas o la boca para tener un pequeño detalle que me tire para arriba.

Todos los cuerpos son dignos de ser admirados y eso es algo que deberíamos repetirnos a diario para reforzarlo como un sistema de creencias, o un mantra constante en la mente, en nuestro día a día y de esta manera tratar de eliminar los pensamientos opuestos a esto.