En la que se conoce como “La Cueva del Chileno” en la actual frontera con Bolivia, los indígenas de la zona altiplánica se reunían para criar sus animales, realizar ceremonias religiosas y obviamente también a drogarse.

En esta cueva, ubicada a 4 mil metros de altura, se encontró una bolsa de cuero de más de mil años de antigüedad que se conservó en condiciones ejemplares gracias al clima de la zona. No había oro o algún tipo de joyería, si no diferentes cositas como coca y componentes para preparar ayahuasca.

Créditos: El País.

Los químicos fueron encontrados en diferentes artefactos dentro de la bolsa, como dos tabletas de madera para inhalar sustancias, un tubo para aspirar, dos espátulas de hueso de llama, una cinta textil y una bolsa más pequeña fabricada con tres hocicos de zorro.

El análisis publicado por El País de España, demuestra que efectivamente los indígenas tenían conocimiento de la elaboración del ayahuasca hace miles de años, sin embargo, el consumo de esta sustancia supone una resolución incluso, todavía más increíble.

Las plantas usadas para fabricar la bebida crecen en el amazonas y lugares cálidos; el hecho de encontrar este tipo de sustancias en lugares del altiplano nos demuestra que hubo rutas comerciales milenarias para justamente, comerciar drogas.

“El consumo de estos psicotrópicos nos habla de las grandes redes a las que podían acceder estos individuos. Además del interés del ritual, el consumo de estos productos aportaría prestigio social, sería una señal de la capacidad de movilizarse a gran distancia o de tener la riqueza y los contactos necesarios para obtener estos productos de origen tan lejano” sostuvo un académico estadounidense para el mismo medio europeo.

En la bolsa también se encontraron restos de coca y benzoilecgonina, lo que sugiere que habría habido hojas de coca, y trazas de bufotenina, otro alucinógeno que se puede elaborar a partir de las semillas del árbol Anadenanthera colubrina, que se inhalarían después de machacarlas en las tabletas.