Llevamos tres semanas de crisis social en Chile, término acuñado por el gobierno para hablar de una revolución provocada por su propio desapego a la realidad nacional. El cambio climático también nos recuerda que seguimos en sequía y que al mundo le quedan un par de décadas antes del colapso. Hay una sensación de acabo de mundo, y cómo no, si hasta Netflix nos lo recuerda.

Tuvimos que esperar bastante para ver una serie británica que nos dejó atónitos por la rapidez en que se gestó y nos enamoró tan rápido. Es una serie corta, de 15 minutos por episodio, y si bien la plataforma de streaming desaconseja ver sus producciones como una maratón ¿Cómo resistirnos a los Bonnie and Clyde del nuevo milenio?

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Algo tienen los ingleses -recordemos Black Mirror– al presentarnos la comedia negra como algo adorable y que nos hace reflexionar. La premisa de una chica con trastornos de personalidad que se escapa con un amigo que sueña con matar a una persona, suena a la presentación que podríamos leer en la contraportada de algún libro de Stephen King. Pero no, acá nos enfrentamos a una seguidilla de personajes memorables que nos hicieron querer más (y por fin se escucharon las plegarias).

Esta nueva temporada será de resoluciones y quizás (sólo quizás), podamos ver una tercera. Muchos opinan sobre lo innecesario que fue realizar una segunda temporada y que un final abierto significada dar muchas más justicia hacia la interpretación de la audiencia. Pero para eso tendremos una semana completa o quizás un par de días que nos permitan juzgar con propiedad el tiraje de esta nueva temporada. Después de todo, el fin del mundo nunca había sido tan interesante, ni entretenido como lo propone esta ficción.