“Chica joven, o más bien muy joven, que siente una inexplicable atracción de carácter sexual por los miembros de grupos de rock”.

Así definía la revista francesa Rock & Folk a una groupie en 1978.

Lejos de acuñarse un nuevo concepto, la nota se refería a un fenómeno que existía como una subcultura de las escenas musicales, surgida en los años 60, en un contexto de liberación sexual femenina que ocurrió de la mano con el auge de tendencias musicales más modernas, como el pop y el rock.

Y aunque como lectura rápida parece una típica mención de ese machismo extremo y de objeto de estudio en prensa escrita antigua, todxs sabemos que groupie sigue siendo un término muy usado entre las personas, incluso en generaciones jóvenes.

Por estos días especialmente en géneros del rap, el trap, el reggaetón y sus derivados.

En 1968,  la Rolling Stone fijó el mito con la portada The groupies and other girls, y Pamela Des Barres lo homologó con su libro I’m with the band: confessions of a groupie en 1987.

Todos estos relatos construyeron una fantasía en torno al rol de la mujer en las escenas musicales como una admiradora, y a los artistas hombres como dioses seculares.

Se trata de una época que no sólo omitió problematizar respecto a las relaciones sexuales con menores de edad, sino que también pavimentó una dinámica de roles de género en la que el hombre se veía en una posición de poder respecto a sus admiradoras, punto de partida para los abusos individuales y sistemáticos. Lo curioso, es que pese a ser algo deseado por los artistas, las fanáticas mujeres se convirtieron en una supuesta prueba para desestimar su música.

“Cuando saqué mi primer disco, me decían que me escuchaban puros pendejos y mujeres, como si fuera algo malo”, nos confesó Jonas Sanche hace poco. Actualmente, se sigue invalidando la melomanía de las mujeres, incluso ocupándose como argumento para descalificar proyectos musicales, haciéndoles ver que no son consumidos por su calidad musical, sino por los deseos sexuales y amorosos de sus fanáticas.

La Groupie

“Una vez mencioné en un carrete que soy fan de Travis Scott, y un chico me respondió a ver, dime cinco temas“, comienza Luna.

Anécdotas como esa no tienen una mayor relevancia, pero cuando son frecuentes e incluso sistemáticas, revela un síntoma social. Por alguna razón, es como si las mujeres tuviéramos que demostrar, por medio de conocimientos y datos duros, que algo efectivamente nos gusta: desde la música, pasando por el cine y hasta el deporte.

“A nosotras se nos pone en duda si somos reales fanáticas”, dice.

Las cofundadoras de La Groupie son Paula Atala, Rocío Valenzuela, Valentina Navarro y Luna García

Frente a esa incomodidad, cofundó La Groupie, medio independiente que bien podría matizarse como una corriente de pensamiento y activismo para romper con esos esquemas que, por alguna razón, siguen existiendo en una generación que supuestamente es menos prejuiciosa y sexista.

“Históricamente se nos ha negado a ser fans. A creer en un proyecto, a tener un gusto musical”, sostienen. “Hay hombres que también se declaran fanáticos y no necesariamente se saben al revés y al derecho la historia, pero a nosotras se nos exige responder a eso”.

¿El concepto posee un equivalente masculino? Al parecer no.

Síntoma de algo mayor

La Groupie no busca sólo reivindicar un concepto, sino también barrer con ese machismo intrínseco que va desde la opinión pública respecto a las artistas mujeres y disidentes, hasta la falta de cobertura hacia ese espectro.

A Paloma la criticaron por decir algo ególatra en Instagram, pero los hombres del género siempre dicen cosas aún más soberbias en su día a día y en sus letras, pero nadie les dice nada. A Rosalía la cancelaron por el verso Bolso Gucci, diamantes y marfil en una letra, y a Lucho SSJ (Argentina) nadie lo criticó por su canción titulada Diamante & Marfil.

“Hay una mayor exigencia a las mujeres cuando hacen música. No decimos que nunca critiquemos, pero si vamos a andar cuestionando a las mujeres, cuestionemos también a los hombres”, dicen.

 

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El asunto podría tomar mucho más sentido cuando nos enteramos de que la mayoría de la gente sólo conoce a Paloma Mami y Princesa Alba como exponentes femeninas del trap. En ese sentido, en La Groupie sostienen que la transformación del paradigma debe venir de la mano de una mayor cobertura hacia artistas mujeres y disidentes.

Para corroborar todo lo anterior, bien podríamos hacer un repaso de nuestras entrevistas a docenas de cantantes musicales. Hace unos meses, Cazzu se quejó de que los medios nunca hablen de su flow y su rap, Mariah Angeliq nos confirmó que siempre la comparan con Paloma Mami, Becky G y Natti Natasha por tener el cabello largo y del mismo color, y para qué hablar del machismo prácticamente ilustrativo que la Princesa Alba lleva toda su carrera relatando.

Con todas ellas hemos terminado naturalmente hablando del machismo en la música, sin haber sido necesariamente parte de la pauta. Yace en el adn de las escenas musicales y es imposible hablar de sus proyectos, sin hablar de sexismo.

Y finalmente, el relato de la groupie es algo que todas llevamos. Todas en algún momento hemos sido la groupie, sólo porque alguien nos llamó así. Por todas esas mujeres a las que la sociedad les hizo creer que ganarse esa etiqueta les daba prestigio; que su rol en el consumo musical era idolatrar; que la melomanía seria era cosa de hombres.

Resignifiquemos a la groupie.