Pasada la euforia y la hiperventilación propia de uno de los principales eventos del año, algunos apuntes de Lollapalooza. Algo así como una especie de lado b del festival de Perry Farrel.

Para Lollapalooza, el mítico Parque O’Higgins pasa de ser un popular punto de esparcimiento familiar para cierta clase media nacional que busca pasar el tiempo libre en un lugar bueno, bonito y barato, a ser una burbuja del tercer mundo que replica a los mega festivales de Europa y Estados Unidos.
De un día para otro el Parque O’Higgins cambia la venta de los sandwich de potito hirviendo por nachos bañados en chocolate. Las familias elevando volantines un domingo son reemplazadas por gringas borrachas actuando como si al otro día se fuera a acabar el mundo.

Por todos lados hay gente de muchas partes del planeta que hablan fuerte y parecen estar en permanante éxtasis: brasileños que llegaron a repetirse el plato pero en otro país, argentinos que no se quieren perder la fiesta, europeos para los que viajar es el mejor de los hobbies o los hispters nacionales sintiéndose parte de algo cosmopolita y sofisticado aunque sea en tierras sudacas, aunque sea en un parque anclado a solo unas cuadras de la Penitencieria de Santiago.

Lollapalooza hace brillar el parque O’Higgins con marcas por todos lados y pulseras que hacen ver quién es quién dentro del recinto: las blancas son de camarógrafos y fotógrafos de los distintos medios que pueden estar durante las primeras tres representaciones de cada artista. Después de esto son invitados a salir por estudiantes de la U del Pacífico que visten poleras de color naranjo, que trabajan gratis a cambio de la posibilidad de ver shows al haber cumplido su labor. Una de ellas me dice que lo que tiene que hacer es muy relajado, que sólo” le da lata caminar tanto para llegar a la carpa de prensa cada ciertas horas”, pero que está feliz aunque no le paguen.

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Llegar al sector donde están los medios nacionales al principio no se me hizo tan fácil. Cuando entré (usando la pulsera rosada de prensa) me acerqué a “Informaciones” y dije: -¿Hola, dónde están las carpas de prensa?

– Nos han preguntado harto, pero no sé.

-Y entonces ¿quién sabe?

– Mira, pregúntale a los guardias que están por allá.

Para obtener información  servía prácticamente solo  el contacto persona a persona, porque las señales de comunicaciones se caían a cada rato. Cosa común cuando una aglomeración quiere comunicarse o presumir todos al mismo tiempo.
Adentro, en el ingreso por Tupper antes de llegar a los distintos escenarios al interior del parque, un tipo de barba con micrófono en mano le hablaba a un puñado de personas sobre conciencia social, respeto por la naturaleza y por los pueblos originarios. Los presentes no eran muchos: un par de tipos durmiendo en el pasto pasando la caña, un par de curiosos y algunos que aprovechaban la sombra para descansar un rato.

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Avanza la tarde con enormes filas para todo, gente tomando fotos o bronceándose sobre el pasto.
En la “zona segura”, donde esta la enorme carpa de TVN, sale Nicolás Copano. Mientras hablamos mantiene un ojo en su celular viendo facebook y el otro hacia donde estoy. Me dice que para él el mejor lolla, es el segundo, por bandas y por cantidad de gente: “lo he pasado increíble  transmitiendo para el streaming de tvn en esta ocasión”. Cruzamos un par de palabras más hasta que un productor argentino lo llama y le dice que vuelven al aire ahoraya.
Después de un rato hablo con una periodista que se llama Úrsula y me dice que como a las 7:30 dicen que viene The Black Keys a dar entrevistas, que viene cada una hora aproximadamente a la zona de prensa por si pasa algo, que le da lo mismo el sol y caminar harto, que para ella es importante todo esto. Al menor silencio me dice que se tiene que ir rápido a ver qué esta pasando en los escenarios, se despide y camina rápido, como si estuviera contra el reloj, como un huracán de entusiasmo y amor al arte.

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También deambulan bandas como Chancho en Piedra, Mecánico, Pascuala Ilabaca, Andrés Nusser de Astro, Gepe , pero también se sacan fotos Marcelo de Cachureos con sus muñecos. El León (Chester) desnuda con la mirada a las chicas de primer año de la U del pacifico que se fotografían junto a ellos. Todo el instinto animal irrefrenable del muñeco que se caracteriza por hablar de manera refinada y melodiosa puesto en una tierna mechona. Con ellos, Horacio Saavedra, la legendaria y diminuta persona que estaba a cargo de dirigir la orquesta del Festival de Viña y actual concejal UDI de Ñuñoa que no deja de sonreír ni un instante. Después de un rato el puñado de monos se sube a un carrito móvil y desaparecen agitando las manos y saludando a la gente.
Ya de noche me pongo a hablar con Emilia, me dice que trabaja en un Gatsby que vive en Las Condes y que le llegaron unas lucas extras y que compró la entrada por impulso. En medio del show de Pearl Jam me dice: “¿Fumai pitos? se me ocurrió una idea”. De la nada la veo conversar con unos tipos, le muestra unos tickets de comida y vuelve con un caño en la mano.
Era solo la primera noche de Lollapalooza. Despues el cielo se iluminaría por fuegos artificiales tal como al final de Black Keys. Pirotecnia, euforia y asombro. Por un momento la gente dejó de ver las marcas auspiciadoras que envolvían cada escenario y solo miró el cielo sobre Santiago, también iluminado artificialmente mientras las guitarras dejaban de sonar entre aplausos y gritos, tal como ocurre en los grandes megafestivales de las grandes cuidades del mundo. O casi igual.