Pablo Simonetti acaba de publicar “Desastres Naturales”: “Creo que hay que agregarle un sentido de realidad a esto que siempre se discute sobre la homosexualidad de los jóvenes. Saber de qué estamos hablando, sin velos de decencia ni de pudor”, explica.

Silencio, eso necesita Pablo Simonetti para poder crear. Necesita su espacio, su contexto ideal sin ruidos de maquinarias, de alguna construcción cercana o de aquellos autos que hacen un agudo sonido cuando comienzan a retroceder. En silencio han nacido sus cuentos, sus novelas y todo lo que pueda pasar por su mente y que quiera plasmar en letras y papel. Del silencio nació también su última novela, Desastres Naturales, que ya se posiciona dentro de los 10 libros de ficción más vendidos en Chile por estos días. “Necesito del silencio. Me levanto en la mañana, hago ejercicio y después escribo durante el día. A las siete de la tarde salgo caminar y en la noche leo. Necesito de esta rutina  para liberarme del encadenamiento social y del ruido de las redes sociales”, asegura Simonetti.

Desastres Naturales tiene una diferencia clave respecto a las obras anteriores y dicha diferencia es reconocida por el propio escritor. Si en novelas como Madre que estás en los Cielos el foco se inclina hacia la figura de la madre, en esta última obra nos encontramos con un foco hacia la figura del padre, pero Simonetti es claro en señalar que este nuevo foco no es la única diferencia. “Es una novela también de principios masculinos como lo es La Soberbia Juventud y La Razón de los Amantes, pero esta es la primera que habla de las masculinidades, de familia y de padre”, asegura.

¿Dé donde nació ese enfoque hacia el padre?

Tiene varios orígenes y uno de ellos es que cuando escribí Jardín sentí la presencia del padre que se proyectaba sobre los personajes de manera muy fuerte y el padre no estaba. Pero acá está mucho más presente que en Jardín. Desde Jardín que estoy interesado y consciente en cómo se ejerce el poder, en cómo se transmite el poder dentro de estos pequeños espacios familiares. Por otra parte creo que la edad, el hecho de pasar de los 50 años, me ha hecho pensar mucho más en mi padre desde el punto de vista de la fragilidad. De como mi padre se volvió un hombre frágil por la enfermedad. En ese sentido hay un paralelo bastante estrecho entre la novela y la realidad. Tuve un pequeño infarto cerebral como el de la novela y eso me conectó con él. Encontré un lugar en común.

¿Sientes que hubo una conexión con tu padre, o que te estás convirtiendo en tu padre?

No, para nada. No me estoy pareciendo para nada a él, pero sí me pude conectar con él y pude entenderlo. Creo que no es una novela ni inculpatoria, ni exculpatoria. Es una novela que busca entenderlo dentro de sus propios parámetros, dentro de sus propios tiempos de sus propia escala de valores y dentro de sus ideas sobre la masculinidad también.

Esta novela está escrita en primera persona ¿Qué define en un escritor que una novela sea escrita en tercera o primera persona?

He escrito varias novelas en primera persona. Madre que estás en los Cielos está escrita en primera persona, pero es primera persona femenino y escrito desde la madre. En cambio en Desastres Naturales es primera persona masculino y escrito desde el hijo. La diferencia entre Madre que Estás en los Cielos y esta novela es que la forma de alcanzar al padre es mucho más periférica y no directa como en el caso de la madre. Aquí tuve que encontrar estrategias narrativas para contar al padre, por ejemplo, este viaje tan lejano en la memoria. No me habría sentido capaz de contar al padre en primera persona, pero si me siento capaz de contar al hijo reflejándose en este padre, porque es una novela sobre el hijo, pero con el espejo del padre siempre ahí.

¿A la sombra del padre? 

No, no a la sombra. Me gusta la metáfora del espejo, el padre es un espejo en el que el hijo se ve una vez que no está. Todo esto lo está contando después que el padre ha muerto y en el fondo esa mirada del papá es un ir y venir constante que también es una forma de entenderse a sí mismo.

La descripción de escenas homoeróticas no es primera vez que aparece en tu obra, pero parece ser que en Desastres Naturales hay mayores detalles y una inclinación a escenas más explícitas ¿Lo consideras así? ¿Cuál fue la motivación?

Sí, es una novela que es más explícita en la descripción de las escenas sexuales de Marco adolescente y su primera juventud. Para mí fue importante porque creo que hay que agregarle un sentido de realidad a esto que siempre se discute sobre la homosexualidad de los jóvenes. Saber de qué estamos hablando, no ocupar esos velos de decencia y de pudor sino que decir así es. Me parecía muy importante también mostrar el camino emocional del personaje en toda esa época que lo va alejando de su padre, que lo va alejando de los demás y que lo va encerrando. Toda esa sensación de diferencia de él con sus compañeros de curso e incluso con los que se acuesta, termina por encerrarlo y por humillarlo. Para mí esa parte era muy importante para fraguar psicológicamente a este personaje. Por otra parte esa imposibilidad de unir sexualidad y afecto tiene una lectura que podría ya ser de corte más activista. Decir los jóvenes pasan por esto y es necesario poder acompañarlos o estar con ellos, que puedan hablar, que puedan comunicarse, que puedan tener relaciones con personas del mismo sexo a ojos vista de sus compañeros de curso y de sus padres y que no sean digamos juzgados por eso y vistos con la misma naturalidad que una persona heterosexual enfrenta esa etapa de la vida.

¿Cómo es escribir esas escenas? ¿Hay pudor?

Una vez que ya uno entra en la escena se pierde el pudor, porque inmediatamente empieza a operar tu capacidad imaginativa, tu oficio como escritor. Inmediatamente te pones a buscar los detalles reveladores, la disposición de ánimo de los personajes, la curva dramática de la escena. Empiezan a aparecer un montón de elementos. En ese sentido la ficción también es muy útil porque te da mucha libertad, o sea, si yo estuviera apegado a la realidad, quizás el pudor sería mayor pero como estoy recurriendo a elementos de ficción entonces puedo contar lo que se me ocurra.

¿Crees que cómo están las cosas en Chile respecto a la apertura de mente en los temas de diversidad sexual se podrían dar escenas hoy en día como la del protagonista con sus hermanos?

Mientras exista un juicio de superioridad respecto a la heterosexualidad versus la homosexualidad siempre van a existir situaciones así en las que al hijo gay se le prive de sus rangos respecto a sus hermanos. Mientras la heterosexualidad siga siendo vista como lo bueno y lo homosexual como algo peor, inferior o sencillamente malo siempre vamos a tener  la posibilidad de que hayan procesos de humillación y de postergación, de diferenciación injusta respecto a las personas LGBTI.

¿Encuentras justa la clasificación de literatura gay?

Me pasa que soy un escritor gay, tal como soy una persona gay y me interesaría que desde ese lugar, desde esa identidad y punto de vista con el cual yo escribo, los demás me puedan leer con el mismo sentido de universalidad con que se lee un heterosexual. Claramente van a estar siempre leyendo a una persona gay, porque lo gay no es solamente un dimensión sexual sino que también una dimensión cultural de la identidad. Hay cosas que lees, que buscas, que se comunican y que en ese sentido te van alimentando tu mirada como artista.

¿Encuentras válido que digan que Desastres Naturales algo así como Padre que Estás en los Cielos?

Es un buen título, no lo puedes negar. Pero hay una diferencia que hace que Madre que estás en los Cielos sea el título. Una es la santificación de la madre y la otra es una crítica a todo el sistema de creencias católicas que domina a esa familia. El título también tiene un componente irónico, en cambio en Desastres Naturales no podría ser porque el padre no es una persona particularmente católica y tampoco no hay un proceso de bajarlo de los altares sino que de levantarlo desde los infiernos. Podría ser Padre que estás en los Infiernos, pero tampoco me parece que sea apropiado. Me gustó Desastres Naturales como título porque creo que engloba todas las dimensiones de la novela.

¿Es un desastre la vida del protagonista?

El protagonista vive el rechazo de su familia como un desastre, pero sobre todo diría yo, vive la familia y la diferencia del hijo como un desastre. Están los desastres de las enfermedades, del padre, del hijo y el desastre político de la dictadura.

¿Ese desastre político fue un desastre natural?

Lo que pasa es que en todo esto hay un componente de personalidad chilena que creo que se representa en los desastres naturales. Esa especie de fatalidad, es como que esto nos ocurre como si no pudiéramos hacer nada contra esto. Vivimos constantemente con terremotos, con aluviones, con incendios y con erupciones volcánicas, es parte de nuestra manera de ser, son parte del mundo que nos toca vivir, pero enfrentamos esto cada vez como si fuera algo nuevo, siendo que es algo natural. Para la naturaleza los desastres no son desastres, sino que son cambios o evoluciones. Ahí hay un paralelo de cuando un hijo le dice a su padre o su madre que es gay, eso es una evolución y no tiene por que ser visto como un desastre.

¿A quién recomendarías leer tu novela?

Tengo muchas lectoras mujeres y tengo muchos lectores gay. Quizás en proporción tengo menos lectores hombres heterosexuales y me gustaría que ellos leyeran esta novela, porque habla de masculinidades. No solo está el padre, sino que están los hermanos, están los compañeros de curso, están los tíos y está el cura. Hay aquí un despliegue de muchas masculinidades y en ese sentido esas otras masculinidades están siempre con la idea de una masculinidad dominante que podría estar representada en el padre y algo en los hermanos. Creo que es una novela masculina y sería bueno que traspasáramos estas barreras de que a los escritores gay y a las mujeres solo nos leen mujeres y hombres gay y que a los escritores hombres heterosexuales solo los leen hombres heterosexuales.


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