Yo también odié Game of thrones. Lo digo para intentar empatizar con aquellos que no entienden el fanatismo de los seguidores por esta producción que dejará millones de viudos cuando termine conforme avance este año, caracterizado por ser muy cruel con los televidentes al acabar con las transmisiones de varias series icónicas.

Sin embargo, la razón de este odio inicial radicaba netamente en el escepticismo que me generaba escuchar a mis amigos hablar en idiomas inventados y quedarme fuera de sus panoramas lo domingos por la noche. Domingot, decían, frente a mi cara de incredulidad.

Todo cambió durante una ventana eterna en la universidad, de esas tan largas que podía pasar horas en mi casa sin hacer nada, y decidí darle una oportunidad a la serie. No fui a clases. Me quedé todo el día y noche viendo la primera temporada. Me atrapó. La amé. La construcción de los personajes, su ambientación perfecta, sus efectos especiales impecables y por sobre todo, sus giros dramáticos inesperados, provocaron un arrepentimiento católico en mi corazón por no atreverme a ceder antes frente a la serie.

Me convertí. Aleluya, hermanos.

El capítulo de este domingo es crucial. Puede que sea la última vez que veamos a nuestros personajes favoritos que se enfrentarán a una de las batallas más épicas y desiguales en la historia de la serie. El desenlace se acerca, y los viudos de serie serán por millones.

Puede que suene exagerado, pero ¿cómo no serlo en un mundo donde las cosas buenas que tenemos al alcance de la mano son tan limitadas y efímeras? Desde hace 8 años que ver Juego de Tronos sagradamente todos los domingos se convirtió en un ritual, y sería perfecto si no fuese por un pequeño detalle: la comida.

Los domingos por la noche se convirtieron en un ritual de autocuidado antes de empezar una nueva semana y dentro de esta espectro, no podía faltar juntarse con un par de amigos y pedir algo para comer (cocinar resultaba a veces pero como uno está pendiente de no perder un solo segundo de transmisión, era una idea que pocas veces resultaba).

Además, los domingos se caracterizan por ser un día donde Santiago se apaga a las 4 de la tarde, siendo las opciones para darse un gusto limitadas e incluso inexistentes según el contexto.

Pero encontré una solución que le puede servir a todos quienes llegaron hasta este punto del artículo y son fanáticos de la serie y el causeo, porque desde este domingo 28 de abril hasta el 19 de mayo Uber Eats se pone con el envío sin costo de tu comida para que compartas con tus amigos o si quieres, en soledad.

Ojo, la promoción es para todos los locales establecidos. Solo debes ingresar el código juegodepoustaeats al momento de ordenar tu comida y automáticamente te ahorrarás el envío de lo que se te antoje.

Por ejemplo, en esta oportunidad elegimos Holy Moly, hamburguesería ubicada en Merced que se ganó tantos fanáticos en el último tiempo que fue imposible no probarla. Pedimos una Bacon Cheese Burger Large, famosa por la consistencia de su pan que mantiene los ingredientes frescos y calientitos al momento de llegar a tu casa junto a unas papitas perfectas para masticar frente a la ansiedad de este primer episodio.

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Por eso, no se diga más: que empiece el invierno.