Pese a las leyes, aceptación social y nuevos referentes culturales, los índices de suicidio, alcoholismo y depresión en homosexuales aumenta y parece no frenar.


En el mundo existen 25 países que han aprobado el matrimonio homosexual en un periodo de 20 años (14 de ellos europeos) y la legislación para continuar con la descriminalización de las relaciones entre personas del mismo sexo, avanza de forma sistemática en lugares de África, Asia y Europa del Este.

Otras naciones como Chile, Australia, Austria, Italia, Eslovenia, Grecia, Estonia, Hungría, República Checa o Suiza permiten uniones civiles, convirtiéndose esta década en la que más países se han abierto para legislar por los derechos de la población LGBT.


En nuestro país, Chile, la aceptación y tolerancia hacia la aprobación de estos derechos también ha crecido de forma exponencial: el año 2004 solo el 24% de la población se mostraba aceptante del matrimonio homosexual, mientras que el 2013 la tolerancia hacia la homosexualidad llegó hasta el 68% convirtiendo a Chile en el segundo país de Latinoamérica más abierto en este tópico (El primero fue Argentina con un 74%).

Sin embargo, esta aparente aceptación y tolerancia no conlleva a un término de la violencia y segregación de las personas homosexuales en lo absoluto. En los países del primer mundo, aquellos que históricamente han sido ejemplos de legislación que apelan hacia la protección y derechos del conglomerado LGBT, los índices de suicidio no han bajado desde los 90, situación que afecta principalmente a hombres homosexuales.

The Huffington Post publicó el año pasado un artículo donde habla sobre el suicidio, abuso de anfetaminas y alcoholismo entre hombres homosexuales casados y de ambientes familiares que aceptan su orientación. Bajo el mismo marco del reportaje titulado “La Epidemia de la soledad Gay” se puede ver que la situación es transversal y preocupante en los países del primer mundo.

En Holanda -donde el matrimonio gay es legal desde el 2001- los homosexuales siguen teniendo tres veces más probabilidades de sufrir depresión que los heterosexuales y 10 veces más de presentar una conducta suicida.

En Suecia -donde existen uniones civiles desde 1995- la tasa de suicidios de hombres casados con otros hombres es tres veces superior a la de hombres casados con mujeres.


En nuestro país, uno de los que más acepta la homosexualidad dentro de América Latina (incluso más que en Estados Unidos) se da una situación contraproducente que nos entrega un escenario similar a los países anteriormente mencionados.

El año 2017 fue calificado por el MOVILH como el más violento al presentar cifras históricas de denuncias por agresiones homo y transfóbicas con 482 acusaciones formales de amedrentamiento a personas por su orientación sexual. El año pasado, CNN reveló que el 66% de los hombres homosexuales en el país se ha sentido discriminado y temen vivir en público su afectividad por miedo a represalias.

En Canadá, mueren más homosexuales a causa del suicidio que del VIH según la investigación realizada por el doctor Travis Salway, pero en Chile es difícil mantener esa información al no existir catastros, estudios o siquiera aproximaciones sobre el estado de salud mental dentro de la población homosexual.

Sin embargo, sí existen aproximaciones dentro del núcleo más joven, y las cifras no son alentadoras: los intentos de suicidio en Chile son siete veces más altos en adolescentes LGBT que en aquellos que no lo son.

La situación arroja conclusiones: pese a que las leyes y aceptación son exponencialmente más altas que en los últimos años, y que las familias apoyen cada día más a sus hijos y que incluso se hagan presente más y más referentes culturales en los medios, los homosexuales no encuentran un sentido de compañía y pertenencia, incluso años después de salir del closet.

Dentro del artículo de THP señalan como un factor importante la aparente discriminación interna dentro del núcleo.

Salí del armario con 17 años y no veía que hubiera un lugar para mí en el panorama gay“, confiesa una fuente dentro de la investigación. “Quería enamorarme como veía en las películas que hacía la gente heterosexual. Pero me sentía como un trozo de carne” agrega.

“La discriminación puede ser externa por ser femenino, pasivo, gordo, pobre, etcétera” señala Luis Larraín, ex presidente de Fundación Iguales, “y también puede ser interna, por ser glamoroso, viajar a x destino, tener ropa de x marca o tomar x marca de champaña”.


“Efectivamente crecemos con una sensación de soledad y creo que ocurre en un periodo tan formativo de nuestras vidas que probablemente nos acompaña mucho, todo esto lo digo desde la intuición porque no soy psicólogo, y ese espectro creo que tiene mucho que ver con el tipo de sociedad en la que estamos insertos y en ese temor permanente a que nos rechacen” agrega sostiene Jaime Parada, Concejal por Providencia.

Creo que la sociedad es transversalmente discriminadora, el mundo gay es muchas cosas al mismo tiempo y nos criamos en un macro ambiente discriminador y nos forman discriminando. Hay una porción del mundo gay que se desenvuelve en cierto ambiente porque no se siente confortado en otras partes o por miedo a enfrentar otras experiencias donde pueden sentir que serán discriminados” agrega.

También existe otra hipótesis que obliga a que la población homosexual se mantenga oculta frente a la falta de democratización de lugares de esparcimiento en Chile, situación que incrementa notablemente en regiones, donde los núcleos de visibilidad técnicamente son nulos.

“La explicación es la misma que se sostiene en Estados Unidos: la experiencia de salir del clóset es traumática para todos. Aunque puedas contarle a tu familia sobre tu orientación sexual a los 16 años, igual viviste esas casi dos décadas sintiéndote distinto e incomprendido” sostiene Larraín.

Tanto como para Larraín como para Parada, la solución para dar freno a este vacío intrínseco tiene que ver con la naturalización de la homosexualidad en etapas y contextos primarios en la vida de quienes pertenecen a este núcleo.

“Se necesita una educación no sexista, que el colegio desde chicos todos entiendan que ser gay es igual de normal que ser hetero. También se necesita que haya parejas de ambos sexos en los medios de comunicación, literatura y materiales educativos” sostiene Larraín.

La soledad gay es una soledad de seres humanos, que tiene que ver con el contexto y con manifestaciones particulares del núcleo que se alimenta de una sociedad de consumo que se ha alineado con el querer tener y no con querer relacionarse. Mientras no se naturalice la homosexualidad, mientras no sea algo aceptado desde el nacimiento, la soledad seguirá porque en etapas muy primarias y funcionales de nuestra vida, nos hacen sentir solos” finaliza Parada.

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