Conversamos con la feminista, licenciada en Filosofía, autora del libro “Ciertos ruidos: Nuevas tribus urbanas chilenas” (2009) y periodista de Vice, Noisey y Nylon. El diálogo entre Andrea y nuestro Obvioquesi fue de alto vuelo y al mismo tiempo de una profundidad que llega hasta la médula de nuestro adn como seres humanos. Im-per-di-ble.

¿Cómo ha evolucionado el rol social del hombre en Chile?

Hay que cuestionarse primero si el rol social del hombre ha evolucionado, o si más bien, esa evolución es una crisis. Creo que el hombre heterosexual y homosexual están en crisis. El hombre heterosexual al estar cuestionándose ciertas estructuras, ciertos modos de ver la vida, ciertos modos de pensarse, de evitar su cuerpo a través del enfrentamiento con nuevos actores en escena, como las mujeres conscientes de su lugar en la sociedad, mujeres críticas, mujeres que no son la extensión de su madre, a lo que ellos, los hombres, conocieron como mujer. Ahí viene el cuestionamiento de los hombres y empieza el suspenso donde se suman las inseguridades que nuestros papás o nuestros abuelos nunca se preguntaron. Y si se lo preguntaron, fue una duda muy corta.

En el caso del hombre homosexual, donde la única experiencia que tengo respecto a esto es la de mis amigos, también se están cuestionando cosas en la medida en que van creciendo. Creo que es un asunto generacional y en la medida en que van alcanzado logros y empiezan a conquistar más espacios, se empiezan a cuestionar conceptos como el de “familia”. No porque no tengan familia o no sepan lo que eso ha significado siempre, sino que también hoy existen nuevos modos de ser familia. La importancia de los amigos, la familia que tú eliges. Si quieres tener hijos o no, o romper esquemas en ese sentido. Romper con clichés de la loca, cola, soltera, buena para el carrete. Eso existe, pero hay algo más que eso. Hay un interés por validarse a través del trabajo y del acceso a cosas, a posiciones y condiciones de vida.

En cambio, el rol social del hombre heterosexual como lo veo yo, si es que uno pudiese dividir el mundo así, porque yo creo más en los grises que en el blanco y negro, se está cuestionando cosas y eso lo mantiene en crisis 

¿Dirías que existe un concepto de “nueva masculinidad” actualmente?

Creo que todavía no existe ese concepto de “nueva masculinidad”, pero va para allá y, sea como sea, ese concepto no va a ser unívoco, va a ser plural. Van a ser “nuevas masculinidades”; van a haber distintas formas de modular una nueva perspectiva desde la cual plantearse ante la vida. Y creo que es más profundo que eso, creo que los papás que están ahora cuestionándose cosas o que están cediendo ante nuevas demandas, que están teniendo que ceder espacios y están molestos también con eso- porque las crisis también son cosas que incomodan, son como me he visto obligado a repensar- y a veces eso los afecta no solo emocionalmente, si no que también en las relaciones laborales.

Espero que en las relaciones con sus papás esos hombres al cuestionarse cómo ser pareja también se cuestionen como ser hijos, nietos, seres humanos. Ojalá pudiesen comprender que ser hombre no es suficiente para ser alguien en la vida. Creo que eso es mucho. Perder privilegios y comodidades no es algo fácil ni para hombre heterosexual ni para un homosexual. Creo que vamos a nuevos conceptos de una nueva masculinidad, creo que a Chile le falta mucho. Todavía los hombres que nos dominan no se han cuestionado nada y siguen decidiendo sobre el cuerpo de las mujeres. Hasta que no tengamos un cambio en ese tipo de esfera de la política, de la gente que decida cosas sobre cómo se vive en la ciudad o donde sea que estemos, no podemos hablar de que esa nueva masculinidad se esté desarrollando.

¿Cómo crees que ellos se relacionan con el feminismo?

Me niego a hablar “de los hombres”, como si uno pudiese describir quienes son esos hombres. Pero en mi caso, en mi experiencia, los hombres que yo conozco se relacionan con el feminismo de dos maneras. Mis amigos se relacionan de una manera amable, apañadora, cada vez más consciente del espacio que ellos ocupan, no solamente en el patriarcado que ya los ha hecho sufrir o que ya les impidió cosas, que ya les ha impuesto todo el peso de la historia, si se puede decir así. Son hombres receptivos, que pueden acompañar a mujeres feministas o no.

El hombre heterosexual tiene muchas posiciones frente a eso; el susto, el sentirse intimidado, el sentirse molesto, el sentirse violentado porque le molesta que alguien le diga que no vale más, que su lugar en el mundo es mínimo y cuestionable y que además, no se lo ha ganado. Se sienten reducidos; uno descubre muy tempranamente que el patriarcado los ha hechos cobardes en el actuar. No solamente político, en las relaciones amorosas y familiares, sino que también los ha ejercitado poco ante la vida. Al momento en que se les exige que actúen o que la vida les impone atinar, no saben muy bien cómo actuar. Hay una lentitud. Pareciera que costara entender cosas como que estamos aquí para hacer lo que nos pertenece y eso, en las relaciones interpersonales, siempre es una disputa y enfrentarse a una mujer que está constantemente disputándole cosas y que al mismo tiempo les está poniendo desafíos no solamente intelectuales sino que también desafíos como en el modo de la relación de los cuerpos. Con su propio cuerpo, con su sexualidad, con su rol dentro y fuera de la casa, dentro y fuera de la cama puede ser un poco audaz y puede ser un poco complejo para ellos sobrellevarlo, porque difícilmente saben sobrellevar pérdidas materiales, como el PlayStation por ejemplo, como perdidas reales de los vínculos sociopolíticos y socioafectivos.  

¿Qué cosas te parecen atractivas de un hombre hoy? 

Dentro del chocolate blanco y el chocolate negro, siempre elijo el chocolate negro. No es racista, pero últimamente me he sentido mucha más atraída por el trópico, nada que decir. Me gusta que sepan bailar y conversar, ambos requisitos ya reducen mucho más la oferta. Me interesa cada vez menos el hombre chileno, porque no he visto nadie que sea capaz de ser más de uno, de ser inagotable, de no generar interés simplemente en lo amatorio, sino que también en los discursos, en lo cultural, en tener una perspectiva en la vida, una mirada. Vivir con curatoría, con línea editorial, eso es muy difícil de encontrar en un hombre chileno porque, por lo general, son bastantes conformistas con respecto a su vida.

Hay excepciones y todas esas excepciones me han llamado la atención. Hay muchos hombres acomodados con los estereotipos, con lo que se espera de él, lo que él sigue esperando de si mismo lo mismo que esperaba hace 10 años atrás y eso me parece básico, aburrido y conservador. Hay también una cosa en el hombre chileno que destaca por su soberbia y por su físico no cuidado, la gran mayoría, que se hacen como de estilo desgarbado, una filosofía que a mi me parece un poco aburrida, porque lo que me atrae son los hombres que se cuidan y que tienen una propuesta de algo. No me tinca ser la mamá de nadie ni mucho menos decirle a alguien “báñate”. El hombre que me interesa es un hombre autónomo, un hombre que me traduce el mundo en la conversación y en todo tipo de comunicación que puede existir con una pareja. Me gustan los hombres inteligentes, donde eso también reduce la búsqueda. Me gusta el que conversa y el que también sabe escuchar. Los hombres que tienen conversación saben que eso vale mucho y es así. No tengo un estereotipo solamente “caribeño”, igual he conocido desde la cosa colorina hasta la cosa con pelos en la espalda. Me gustan los hombres con buzo, como término estético me parece muy interesante el buzo, como sexy.

¿Y la feminidad? ¿Ambos se limitan o se complementan?

La masculinidad y la feminidad en sí mismas no existen. Son convenciones sociales. Mitos. Son mandatos que uno tiene que romper. Yo creo súper poco en la feminidad y en la masculinidad, pienso que ante cualquier estereotipo nosotros habitamos un cuerpo y tenemos que aprender a tener una relación prístina con ellos. Para poder establecer eso hay que desarmar toda una serie de enseñanzas que nos han dado en el colegio, en la casa, los amigos, películas y revistas. Creo que la masculinidad y feminidad son complementarios en un sistema llamado patriarcado, que es algo contra lo que yo voy a luchar siempre.

La feminidad es un concepto que busca controlar que seas de un modo, que seas femenina. O esa cosa de “yo soy feminista” lo veo también como “cómo ser del peor modo feminista”, o sea, no entendiendo nada, leyendo poco, hablando poco, escuchando poco. Hay gente que dice “yo soy feminista porque creo que la mujer tiene problemas femeninos”. Feminista es una cosa y feminidad o lo femenino es otra cosa. Las mujeres feministas nos rebelamos contra la feminidad. La feminidad es un dispositivo ideológico que busca el control social sobre tu representación. Es como la sociedad te enseña y te obliga a pensarte, a moldearte y a ir hacia allá. Yo en ese sentido soy poco femenina, a pesar de que tengo un cuerpo que grita por todas partes que soy mujer, porque poto grande y teta grande. Cuando digo “de mujer” es igual a la feminidad, es donde ese rol ya está asignado y preestablecido de los estereotipos, de los cánones.

¿Cómo te relacionas en tu cotidianidad con este “nuevo hombre”?

El acceso que tengo a los “hombres” son mis amores y mis amigos. No tengo tantos amigos hetero porque me cuestan muchas cosas, pero las que más me cuestan es poder ser comprensiva con problemas que no existen o que están hechos a medida de la solución. Me molesta ver como ellos controlan la vida de las mujeres con las que se relacionan. Me cuesta conciliar muchas veces en las relaciones interpersonales de los hombres a través del insegurizar a la otra persona, de desvalidar, de hacerla minusválida emocionalmente, o sea, te pesco o no te pesco. Esa es pura histeria masculina, inseguridad de no saber quiénes son. Pensar en la indiferencia y en la distancia, esa cosa de la frialdad o de tener las cosas bajo control. ¿Qué se esconde ahí? Existe el subtexto de lo que ellos piensan o sientan o lo que sus penes les indique es más relevante que la realidad. O sea, su deseo crea realidad y por lo tanto, la realidad está en una relación estrecha con sus propias ganas.

En los amores que uno va teniendo, yo trato de llevar la fiesta en paz. Trato de demostrar que hay otros tipos de ser mujer a lo que ellos están acostumbrados y eso también los desencaja un poco, creo que los asusta o quizás yo asusto. En los distintos protagonistas de las historias, hay cosas que se repiten y todo eso que se repite es el machismo. Es muy extraño encontrarse con un hombre que sea generoso con uno, que te deje vivir. Mi último pololo fue un hombre africano-musulmán futbolista que no sé cómo cresta apareció en Chile y fue la versión radical del hombre antiguo. El estereotipo del hombre conservador se ha radicalizado. Después de tener esa experiencia con un hombre, después de haber tenido una relación con una mujer y haber viajado, lo único que te puedo decir es que las relaciones con los amores es más compleja, puede ser más frío incluso. Con los hombres gay me llevo muy bien, yo igual soy un hombre gay. Funciono igual en el amor y en el sexo que ellos. Me siento muy cercana a esa velocidad, hay un vértigo en la sexualidad del hombre gay que también vivo.

Bajo ese imaginario, ¿cómo consideras que es hipotéticamente el hombre perfecto?

No existe el hombre perfecto, no existe la mujer perfecta, no existe la perfección. Creo que uno puede ir sacándole puntas a distintas habilidades o talentos que tiene a modo de vivir, pensar, amar, follar, de ser amigo y receptivo. A medida que uno le va poniendo ganas a algo, eso va a mejorando, como la escritura. Si quieres ser mejor amante, tienes que tirar. Si quieres ser el mejor escritor, tienes que escribir. En el ejercicio de las habilidades o de las dimensiones de la vida que quieres desarrollar está todo el secreto. Si un hombre quiere perfeccionarse en su ser hombre, tiene que empezar a tener conciencia de todas las partes del cuerpo que tiene muertas y que no sabe mover, todas las partes del cerebro que no ha ocupado, todas las lecturas que ha dejado atrás, todo el tiempo que ha perdido jugando video juegos, todo el tiempo que ha perdido en ser deshonesto con lo que siente y con lo que quiere. Hay una pega de revisión histórica ideográfica en los hombres que yo los llama urgente a hacer. ¿Esta es la vida que quieren? Es una invitación tanto para ellos como para las mujeres. ¿Quieren tener familias? ¿Este es el mundo que le quieren dejar a esa gente? ¿Tan poco se quieren? Hay que hacerse responsable y valiente. La masculinidad tiene una utopía de la audacia, de la valentía, del hombre que toma desiciones, que cambia el rumbo de su vida, construye imperios. En otras palabras: es el científico, el hombre con poder y con conocimiento que yo, la verdad, veo súper poco.

Veo muchas mujeres empoderadas, estudiando, decidiendo no ser mamás o decidiéndolo como opción personal porque quieren hacerlo, porque pueden hacerlo solas o pueden hacerlo con otra mujer. Veo mucha más experimentalidad en las mujeres de hoy, en nuestras mamás que se están cuestionando cosas junto a nosotras más que en los compañeros. Los compañeros hombres tienen que aprender a acompañar y eso va para los heterosexuales como para los homosexuales feministas. Ellos no son los protagonistas de esto pero también están en nuestro carro, el carro que manejamos nosotras. Suena heavy pero está bien estar consciente de esto y que lo hagamos saber.


Fotografía de portada y principal: Javiera Aguirre para Belelú
Fotografía pieza: Diego Urbina.


Este artículo forma parte de BEYOND #4 – Los New Minos. Puedes encontrar el reportaje en extenso aquí.