Karamanos no ha tenido feriado, porque desde que comenzó su relación con Gabriel Boric en 2019, pasó un estallido social, una pandemia y su pareja se convirtió en el candidato de una de las elecciones más polarizadas desde el retorno a la democracia. Entre fake news y la crítica de un sector social que no ve con buenos ojos que una mujer no casada con el Presidente asuma como Primera Dama, hoy cuenta cuál es la actualización millennial de este rol, abre la puerta del hogar que está construyendo con Boric y reafirma su compromiso con el país. “Estamos en una relación poliamorosa con Chile”, bromea. Esta es la primera entrevista en extenso que da desde que asumió su rol en La Moneda. 

Fotos de Valentina Pérez (@valebird)

La casa entre Esperanza y Libertad no está lista. Todavía se pasean maestros haciendo arreglos y parte de la vida de la Primera Dama, la cientista social Irina Karamanos (32), está repartida en cajas por la vivienda. Ella misma buscó el lugar y junto a su pareja, el Presidente Gabriel Boric, eligieron el inmueble en el que habitarán por los siguientes cuatro años. 

En el segundo piso, por una ventana grande donde entra mucha luz, está su lugar favorito. Y ahí, en medio de un hogar en construcción que apenas usan desde hace un mes, fuera de toda agenda política, ambos tienen su momento de encuentro cuando leen o escuchan música. Todavía no hacen una inauguración masiva, por ahora lo han reservado para los más cercanos. 

La Primera Dama se despierta todos los días cerca de las seis para cumplir con las labores de su cargo ad-honorem (sin goce de sueldo) y en lo que va de este mes, ya aprendió a qué hora tiene que salir de la casona para saltarse el taco mañanero del Barrio Yungay. 

Irina se hizo viral en varias ocasiones en el último tiempo: la primera al decir que no sería la primera dama, la segunda al contar que sí tomaría el cargo, pero que lo reformularía y la tercera al mencionar en televisión abierta, a días de haber asumido,  que no es primera, ni dama. 

Pero Irina sí es la primera en muchas cosas: es la Primera Dama en ser activista feminista, la primera en no estar casada, no tiene hijos, ni casa propia. También es la primera en hablar seis lenguas (español, alemán, inglés, griego, indonesio básico y está estudiando Kawésqar) y quizás es la primera en entrar a la casa presidencial usando zapatillas y no tacones. Es la Primera Dama millennial en La Moneda.

La Primera Dama, Irina Karamanos (32), es cientista social con estudios de antropología y ciencias de la educación en la Universidad de Heidelberg.

Hace unos días, en un programa de radio se refirieron a tu relación con el Presidente como un concubinato, una palabra que está culturalmente cargada. ¿Qué te parecen este tipo de afirmaciones?

“Me parecen curiosas las expectativas que se tienen sobre las parejas en el poder. Es decidor que se espere que el presidente esté casado y que si no lo está, es preferible que no tenga nada. Y peor aún si no fuera heterosexual. Hay una cantidad de comentarios en redes sociales apuntando a que Gabriel podría ser gay y que yo soy contratada y, además, una mujer trans, poniéndole un carácter ofensivo. Pero más que tomármelo personal, me parece el reflejo de una sociedad muy conservadora, donde seguimos hablando mal de las familias que se escapan a la heteronorma clasificándolas de disfuncionales”.

En 2021 se registraron menos de 40 mil matrimonios, una de las cifras más bajas de los últimos tiempos. Los chilenos no se están casando ¿Crees que ustedes son una pareja representativa?

“No hay un camino correcto. Nosotros estamos transitando otra alternativa. Y Sí. Es momento de visibilizar los diferentes tipos de familia que siempre han existido y que no se han vivido abiertamente estando en el poder”.

¿Y qué pasa si durante estos años terminan Gabriel y tú?

“No he pensado en eso todavía (se ríe)”.

¿No te da susto como Irina, la pareja, que un desafío tan grande como llegar a La Moneda le pase la cuenta a la relación?

“La verdad es que no”.

Hace una semana María Soledad Font, tu suegra, dijo en una entrevista que tras asumir como presidente, Gabriel se casó con Chile y anuló su vida personal. ¿Dónde cabe Irina en ese relato? 

“En que ambos nos casamos con Chile (Hace una pausa) O no es un matrimonio como tal. Parte importante de nuestra relación es que tenemos una convicción que compartimos y a través de la cual nos conocimos. A ambos nos mueve transformar las condiciones de vida de la mayor cantidad de personas posibles”.

¿Estás en una relación poliamorosa con el Presidente  y Chile? 

“Sí. Estamos en una relación poliamorosa con Chile (bromea)”.

EL CORAZÓN DE IRINA

Irina tenía 6 años cuando notó que algo raro le pasaba a su papá, el profesor normalista Jorge Karamanos. Ella recuerda que mientras su mamá, la traductora uruguaya Sabine Adrian salía a trabajar los fines de semana, él la cuidaba. Y la mecánica que tenían era esa: Jorge, siendo profesor, le enseñaba cosas cuando estaban juntos. Pero de pronto, algo raro pasó y ella tenía que repetirle lo que él ya le había enseñado.  La niña, alertada por esta situación, avisó a su madre, y terminaron con Jorge en el doctor.

El resultado fue terrible. El profesor tenía un tumor cerebral y padeció durante dos años un cáncer fulminante.

¿Cómo eso cambia o define tu personalidad como niña y mujer?

“Una niña puede naturalizar lo que pasa como parte de su vida, pero fueron las expectativas de los adultos sobre cómo se debe sentir lo más difícil en ese momento. Yo valoré a mi padre mientras estuvo y después entendí que murió. Sin embargo, los adultos se encargaron de cuestionar mis emociones y eso me marcó mucho, en un mal sentido, de mí se esperaba que estuviera mal. Se esperaba que yo comunicara todo lo mal que me sentía”.

¿Y qué siguió para ti y tu mamá?

“Quedamos las dos. Ahí mi infancia fue más solitaria, mi madre tenía que trabajar muchísimo, yo tenía conciencia de eso y lo respetaba. Por lo mismo, había cierta libertad y autonomía, y con mucho cariño tratábamos de aprovechar al máximo los ratos que teníamos juntas. Aprendimos a no lamentarnos por el tiempo que no teníamos, sino que lo usábamos de la mejor manera posible. Pero mirándolo con distancia, tanta soledad me ayudó a aprender a escuchar y ser contemplativa. Hay algo de eso en la soledad, que te invita a parar, a mirar, a oír”.

Irina perdió a su papá cuando tenía 8 años. Describe su infancia como solitaria, pero afirma que eso construyó parte importante de su personalidad hoy.

Este es el primer fin de semana en el que la mascarilla deja de ser obligatoria en espacios abiertos. Irina bromea con esto, dice que la Kn95 la ha salvado en varias oportunidades de que la vean llorar. Es una mujer sensible. Se emociona con el relato de las personas que los paran en ceremonias para darles mensajes de apoyo, también con algunos discursos que ha dado el Presidente y la última vez fue en un evento de la Embajada de Japón, cuando una artista interpretó una canción de Violeta Parra.

Los acordes de Run run, por alguna razón, le recordaron su vida antes de ser un personaje mediático.

¿Por qué dejaste tu carrera de Arte?

“Estudié brevemente Arte en la Universidad de Chile. Sólo un año y me di cuenta que no quería pasar mi vida o dedicarme a algo que tuviera sólo que ver conmigo. Ahora me doy cuenta de que el arte es lo más social, masivo y colectivo que hay, pero en ese momento pensé en los procesos productivos del arte como algo que tenía que ver mucho con la vida interna, y me parecía que dedicarme a los procesos y las injusticias sociales merecían otra urgencia. Ahí hice un voluntariado en un colegio de Cerro Navia, porque siempre me ha interesado la educación, y después decidí ponerme a ahorrar e irme a Alemania para estudiar Ciencias en la Educación”.

Trabajaste como garzona acá y en Heidelberg. Salió un titular en un matinal que decía “De garzona a Primera Dama”, con un tono despectivo, y eso encendió un debate sobre la dignidad de los trabajos.

“Yo fui garzona. La intención del titular es sensacionalista. No me parece denigrante ni menor un trabajo por sobre otro. Las cosas dependen de las condiciones del trabajo, no del trabajo en sí mismo, por eso los derechos laborales que todavía no se cumplen para muchas personas en Chile es algo en lo que tenemos que concentrarnos. Cualquier trabajo merece dignidad.

Y en mi experiencia aprendí sobre la jerarquía. Lo que significa tener un intercambio horizontal a pesar de dar servicio, que es algo que muchas veces despierta actitudes de arrogancia que quizá en otros espacios la gente no muestra. Se asume que las personas que trabajan en servicios son subordinados, en un mal sentido de la palabra, y el trato empeora y se genera esta cosa asimétrica y fue fuerte, pero también parte de un proceso”.

El acoso hacia la mujer puede ser recurrente en estos ambientes de trabajo de atención al público.

“Sí. Hay una sensación de libertad que tiene el cliente de que una no puede salir de ese lugar de servicio. De que una tiene que escuchar lo que te digan porque estás atendiendo y aprovechan de decir lo que quieren, lo que muchas veces no esperaban era respuestas de vuelta. Y en el tema de lo físico, después de un tiempo preferí trabajar detrás de una barra, para que no hubiera contacto, pero ahí es importante el trabajo en equipo, porque cuando hay un equipo fuerte hay una posibilidad de defenderse, de acusar, de visibilizar y de proteger, pero es un rubro donde el acoso se normaliza muchísimo, donde la mujer pasa a ser un objeto servicial”.

¿Qué rescatas como una estudiante migrante en el primer mundo?

Lo que más me llamó la atención es que fuera tan importante de dónde venía: hay una diferencia en que sea interesante de dónde vienes, lo que tienes que contar sobre tu vida y lo otro es que eso te defina. Les causaba impresión de que estuviera estudiando cosas complicadas y que al mismo tiempo tuviera que trabajar en un bar. O que hablara y entendiera el idioma. Les sorprendía que alguien pudiera adaptarse a un país y esa sorpresa exagerada me parecía ofensiva”.

EL PODER DE IRINA

En su estadía en Heidelberg, mientras estudiaba y trabajaba, Irina vio por televisión y redes sociales el movimiento universitario y no veía la hora de poder participar. No fue una figura mediática como Giorgio Jackson, Camila Vallejo o el Presidente, pero apenas aterrizó en Chile comenzó a moverse en la arena política. En 2016 entró al Movimiento Autonomista, uno que más tarde fue parte de la génesis del partido Convergencia Social. Y ha participado en el Frente de Cultura, en los inicios feministas del Frente Amplio y se transformó en la encargada nacional del Frente Feminista de Convergencia. 

¿Cuál es el análisis que haces sobre el feminismo en Chile hoy?

“Hay muchos feminismos. Pero creo que ha dado una respuesta y se ha levantado ante estructuras conservadoras. Es un movimiento que ha sido anti racista y anti clasista, y eso es muy importante. Fueron las mujeres quienes instalaron en la agenda el abuso y la visibilización de las violencias en sus distintos tipos: corporal, doméstica, laboral y sistémica. Y luego, gracias a eso, se institucionalizaron algunas soluciones y se crearon departamentos de género en muchas organizaciones. 

Se creía que el feminismo era algo muy académico, cuando en verdad se estaban recogiendo y conectando todos los tipos de violencia. Recuerdo cuando en pleno estallido social Las Tesis, a través de la performance, nos conectaron, en medio de un contexto en el que habían muchas voces y una explosión de demandas. Pero demostraron que el malestar está globalmente presente y para que muchos y muchas concientizarán sobre la repetición del abuso y la violencia”.

Mucho boomer repetía que cuando asumieran “otra cosa es con guitarra”, ahora que tienen la guitarra ¿Cómo es la cosa?

“Tener un espacio de poder y usarlo para hacer cambios profundos es desafiante. Salir de lo superficial o de dar sólo las soluciones parciales también es difícil. Tener paciencia para los procesos de diagnóstico, escucha, planificación y de instalación que se dan en medio de una crisis por la pandemia y otra crisis económica, y no tener las condiciones para realizar todos los cambios de una vez, uf.. (suspira) Pero por otro lado hay mucha expectativa y esperanza colectiva, y creo que estamos avanzando en un cambio con apoyo. Muy apoyados. Otra cosa son los medios…”.

 ¿Qué tienes que decir sobre los medios de comunicación?

“Creo que es importante una diversidad de análisis y una profundidad mayor sobre lo que está pasando en el momento. Y ahora no la hay. Se estigmatiza y se etiqueta mucho lo que sucede en la Convención o en el Congreso, y por supuesto en el ejecutivo. Hay una ansiedad muy grande por clasificar o etiquetar un camino, cuando recién se está dando un primer paso. Eso es nocivo”.

¿Tu opinión de las encuestas?

“No es el principal criterio para moverse en política”.

Del Presidente Boric se esperan muchas cosas, desde que termine con la pobreza, hasta que arregle la capa de Ozono ¿Qué esperan las personas de ti?

“(Irina se ríe, se detiene y piensa) Las primeras damas han sido parte de un imaginario y creo que ya instalamos que ese lugar va a cambiar.  Hay una aceptación de que se están haciendo las cosas diferentes y hoy se mira ese lugar de una forma más política, pero (hace una pausa) creo que todavía estoy descubriendo lo que se espera de mí”.

¿Recibiste consejos de Cecilia Morel?

“Hablamos”.

¿Todos los días?

“No (se ríe) Justo antes del cambio de mando me invitó a una reunión y me pareció correcto conocerla. Creo que todas las primeras damas han tenido un lugar difícil de encarnar, y eso se da por las expectativas que se tiene de ellas, pero también por su invisibilización, porque ser una primera dama significaría sólo acompañamiento. Y me llama la atención el abandono que hay de sus trayectorias de vida. Me lo he preguntado en el último tiempo  y me imagino lo difícil que puede resultar acomodarse a este rol. Porque nadie se pregunta mucho qué implica estar aquí en términos de poder, tampoco en dónde te pone la gente o qué pasa con la pareja. Es un lugar poco conversado hasta ahora y eso lo encuentro desafiante, pero repito: se invisibiliza mucho a la mujer que queda allí”.

Hablaste de reformular este cargo, ¿a qué te refieres puntualmente?

“Es un lugar al que se llega, y no por elección popular, entonces no es tan legítimo democráticamente hablando. Y se estigmatiza la figura de la que no está siendo protagonista. Y tomé este cargo porque es algo que quiero cambiar haciéndolo a través de una vía institucional, administrativa y simbólica. Cuando yo me vaya espero que las preguntas sean muy diferentes al querer acercarse a este espacio. 

Yo estoy clara que estoy habitando un lugar muy tradicional y conservador. Conservar significa repetir y lo primero que estamos haciendo es no tratar de conservarlo, pero también sabiendo que estar en un lugar tradicional merece respeto, porque existe en el imaginario cultural de muchas personas”

¿Te molesta que todavía sea tema la ropa que utiliza la Primera Dama? 

“Más allá de decirle a un medio de comunicación que no me interesa que hablen de mi ropa, prefiero visibilizar la ropa producida por personas que la hacen y confeccionan en Chile, o ropa de segunda mano, o ropa que es parte de una matriz sustentable de producción. Y eso es un ejemplo de cómo no desaparecer las cosas, sino de que hay cambios culturales que es bueno conversar. A veces no hablar de eso es más violento. Hacerlo desaparecer es violento. Pero conversarlo es una oportunidad. Ser primera dama es un lugar con mucho potencial”.

Eres presidenta de Fundación Prodemu, Integra, Chilenter, Artesanías de Chile, Orquestas Juveniles e Infantiles y Fundación Tiempos Nuevos (MIM), pero ¿En qué estado recibiste estas instituciones? 

“Ahora estamos escuchando a las y los trabajadores porque queremos saber y mejorar los derechos laborales de las personas. Estamos haciendo auditorías para saber el estado financiero y  reconocer si están en orden las contrataciones, los organigramas, etcétera.  Me preocupé de encontrar a buenos directores ejecutivos, cada uno dedicado al área,  porque todas estas fundaciones han sido muy homogeneizadas por pertenecer a una misma figura, pero cada una es muy diferente entre sí, y eso hay que valorarlo, respetarlo y potenciarlo”.

Hilary Clinton se transformó en una figura muy poderosa en la política mundial. Fue candidata después de ser primera dama. Lo mismo pasa con Michelle Obama, que suena como una próxima candidata presidencial. ¿Te imaginas como una futura presidenta?

“Lo primero es que yo construí este proyecto político que está llevando adelante el gobierno. Y me siento y soy parte de esto. Lo que pienso al despertar y lo último que pienso antes de irme a dormir es cómo contribuir. Y por ahora estoy en eso y es bastante. Mi cargo merece transformaciones y las fundaciones de las que depende mi puesto también. No estoy pensando en este proyecto político como plataforma. Yo nunca he sido candidata y no son mis aspiraciones de momento”.

Aunque todavía la vivienda presidencial de Barrio Yungay está lleno de cajas y los maestros se pasean arreglando el inmueble, ella dice que ya se siente en casa.

Uno de los guardias de palacio custodia la casa. Cuenta que lleva casi una década trabajando para los presidentes y sus parejas. Dice que, a diferencia del anterior, el de Magallanes se sale del protocolo, se toma largos tiempos para salir a saludar a la gente, para tomarse fotos o que de repente va a comprar vinilos. Se tienen que mantener atentos. Cuenta también que a diferencia de los anteriores, Boric y Karamanos hacen algo que es común y corriente pero que otros mandatarios y sus parejas no hacían: miran a los ojos, sonríen y ya sea temprano en la mañana o tarde en la noche preguntan “¿Cómo estás” y suena genuino.

“Me ha emocionado cuando personas y grupos nos han dicho que nunca antes los habían visto o reconocido. Y es lo mínimo que se puede hacer, pero hace mucho tiempo que lo mínimo no se estaba haciendo”, sentencia Irina. Le da vuelta una deuda que tiene con las vecinas del pasaje contiguo a su vivienda: junto al presidente se comprometieron a tomar el té con las señoras y espera hacerlo antes de que los días se pongan más fríos. “Que no pase de la otra semana. Lo tengo súper presente”, dice.