AspireAssist podría tratarse del sistema para perder peso más polémico hasta la fecha.

Se trata de un tubo de alimentación que funciona de manera inversa, que ayudado por un endoscopio y una pequeña hoja, el doctor pondrá un catéter interno en tu estómago que sacará a través de tu piel. Al despertar tendrás una ventana circular en tu estómago que 20 minutos después de cada comida, te permitirá tirar el 30% de lo que comiste a la basura.

Suena doloroso y grotesco, pero se trata de uno de los dispositivos menos invasivos aprobados recientemente por la FDA (Food and Drug Administration) para el tratamiento de la obesidad. Sus detractores afirman que esta es la “forma más eficiente de inducir quirúrgicamente un desorden alimenticio” no solo por lo brusco del tratamiento, sino que también por lo poco elegante que es.

En su contraparte están quienes apoyan el tratamiento, pues AspireAssist ayuda de a aquellas personas en la cirugía barbárica (aquella en la que partes del estómago e intestino se cortan y reorganizan) ha fallado y que simplemente no pueden controlar su impulso por comer.

En un mundo con índices de obesidad cada vez más altos, las terapias para bajar de peso se vuelven algo tan necesario y natural como combatir un resfrío. En ese contexto, cuando la dieta y ejercicio fallan es cuando surgen las alternativas quirúrgicas, y sumamente costosas hoy en día, por ende cualquier solución que resulte más democrática y realista al problema, es de ayuda.

Aún así, las voces de expertos como Mitin Ahuja, gastroenteróloga de la Universidad Johns Hopkins de Maryland, en su columna para AEON es sumamente crítica con el dispositivo, pues afirma que en la obesidad existen dos elementos clave, uno relacionados a la la homeostática (fisiología metabólica) y otro con la parte hedónica (estímulos contextuales). Bajo ese contexto, “las investigaciones actuales describen estos estados como los productos de un mecanismo neuroquímico sintonizado a través del aprendizaje de nuestros primeros años de vida, y el otro es regulado por una serie fluctuante de hormonas medibles”, y agrega: “si bien es seductora la idea de separar los tipos de obesidad, la realidad es que estas dos categorías de riesgo a menudo se entrelazan”.

Si bien es seductora la idea de separar los tipos de obesidad, la realidad es que estas dos categorías de riesgo a menudo se entrelazan.

Y concluye con “El AspireAssist tiene una forma de desestabilizar nuestra apreciación de toda esta complejidad. El dispositivo, que elimina aproximadamente el 30 por ciento de la densidad calórica de cada comida, parece funcionar al mismo nivel rudimentario de aritmética termodinámica que encontré en la escuela de medicina. Esta aparente falta de sutileza terapéutica invita a regresar a formas poco sutiles de pensar sobre la obesidad en sí”.

Sea como sea, AspireAssist ya está sobre la mesa, y al final del día son los mismos pacientes quienes decidirán qué tan efectivo es el procedimiento, pero a mi si me preguntan, todavía no sé qué pensar ?.