El experimentado hombre estuvo un mes robando carteras en restoranes de Manhattan. ¿Puede ser esto una consecuencia de nuestro pésimo sistema de pensiones?

El pasillo del restorán Tony Di Napoli en Times Square tiene caricaturas de Chita Rivera y Antonio Banderas y otras celebridades que acompañan el camino hacia las mesas. El 11 de junio, un día domingo, una comensal quiso tomar su cartera para pagar la cuenta, pero no estaba.

“Nosotros le dijimos, no puede ser”, explicó al NY Times el administrador, Dreni Kyqykaliu. Junto a la cliente y otros trabajadores revisaron las cámaras de seguridad del local.

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En ellas aparecia un sujeto que llamaba la atención. “Era un hombre avanzada edad y que tenía una cojera bien notoria”, reveló el sargento Cristopher Doty de la Policía de Nueva York.

Tenía el pelo corto y gris, usaba lentes y tenía un abrigo cubriendo uno de sus brazos. Había tomado la cartera de la mujer por debajo de la prenda y salido cojeando. “Era un método bien particular, no un robo cualquiera”, precisa el policía.

Al otro día, otra cartera, con la medicina de un hombre de 81 años y su aparato para la sordera, desapareció en un local en la misma cuadra del Tony Di Napoli. Revisaron las cámaras de seguridad. Era el mismo hombre. La misma cojera.

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Apareció otra vez la semana siguiente, en Barilla, un restorán de la Avenida de las Américas. Las cámaras nuevamente lo grabaron. Usaba zapatos negros, pantalones tipo kakis y una camisa de manga corta. En su mano llevaba un sombrero blanco. Se fue de ahí con una cartera.

El primer robo había sido asignado a Michael Bia, un detective del sector sur de Manhattan. Después del segundo hecho, a Bia le dieron el caso también. Y después los otros. Hasta que se le fueron acumulando.

Alguno días después de lo de Barilla, el hombre entró a Croton Reservoir Tavern, una picada muy popular entre la gente que trabaja cerca del Rockefeller Center y el Times Square. Gente como Violetta Martini, que estaba disfrutando de su almuerzo el 16 de junio junto a un colega.

“Se acercó a nuestra mesa y nos miró de cerca”, contó. “Lo encontramos raro”. Momentos después el hombre había desaparecido, y sí, la cartera de Violetta también.

“Entró y salió”, dijo al conocido mundialmente diario. Ese día se registraron otros dos robos con las mismas características. Y suena repetido, pero en todas los videos de las cámaras de seguridad aparecía el mismo señor canoso que cojeaba notoriamente.

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El 17 de junio, se fue más hacia el centro, específicamente a Le District, un restorán francés. De ahí se fue con un Kindle y un chaleco cashmere, según reveló la policía.

Dos días después, para el día del padre, volvió a Tony Di Napoli. Luego, aprovechando el desfile del día del orgullo gay, robó una cartera de Calle Dao, un restaurante cerca del parque Bryant (en la foto). El 30 de junio celebró su robó número 11, esta vez en el Mc Donalds gigante de Times Square. El detective Bia revisaba una y otra vez los videos. El sospechoso ni siquiera se parecía a nadie que estuviera registrado en la base de datos de la policía. No le quedó otra que entregar una foto del sujeto a los medios y repartir volantes con la cara del hombre.

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El 14 de julio la lenta persecución llegó a su fin. Una mujer estaba sentada en el restorán mexicano El Vez. Uno de los mozos vio a un hombre tomando su cartera y junto al barman lo detuvieron. Lo retuvieron hasta que llegó la policía. Una vez en la estación, el carterista-más-buscado-de-Manhattan se identificó como Mauricio Dominguez-Bernal, de 64 años. Los policías después lo llevaron donde el detective Bia, para que se diera el gusto de conocer al hombre que persiguió durante semanas.

El detective le mostró las imágenes de todos los videos y el hombre admitió su responsabilidad. Dijo que había viajado a Nueva York desde Chile a principios de junio. Reconoció que su objetivo era llegar a la gran manzana a robar carteras, pero que no pretendía usar las tarjetas de crédito. Pese a su detención, nada de lo robado pudo ser recuperado.

Dominguez-Bernal había agendado ya su regreso a Chile, según contó al detective. De hecho tenía pasaje para el 20 de julio. Pero no va poder ser. Actualmente el hombre está esperando su juicio.

*La historia original fue publicada por el New York Times