Laura tiene un malestar.

Las náuseas en su estómago la transportaron a eso que recuerda muy bien: hace seis años, producto de una relación tortuosa, tuvo un embarazo no deseado.

Dice que se siente sola, que nunca ha recibido apoyo. “No tengo buena familia”, cuenta. Creció con un padre violento y se fue de su casa a los catorce años. Su pareja tampoco la ayudó, y después de un largo proceso de desapego, pudo salir de ese pololeo tóxico que le dio una hija, ahora de cinco años.

Su caso no encarna solamente la dificultad de ser madre soltera en Chile. Es también un ejemplo del margen de error que poseen las pastillas anticonceptivas, uno de los argumentos más concretos para despenalizar el aborto libre: aunque estaba con tratamiento, el test salió positivo.

La posibilidad de quedar embarazada tomando píldoras es de un 1 %. Y este año, a ella le tocó ser ese uno de cien.

De ese uno, muchxs buscan un aborto para no traer un niñx no deseadx al mundo. El misoprostol es la solución más popular y menos invasiva para interrumpir el embarazo.

Como es ilegal, circula en el mercado negro. Y aunque negro, no deja de ser mercado, cuya mano invisible -y pese al activismo feminista- funciona también por oferta y demanda, oferta que con la crisis del covid-19 se desplomó.

Cuando Laura buscó píldoras por Internet desde su casa en Vallenar, se enteró de esa mala noticia que por estos días desampara a tantas mujeres en el país: en Chile no hay misoprostol.

Fronteras

“La criminalización del aborto en Chile tiene como consecuencia la escasez de insumos en tiempos de crisis y pandemia”, parte explicando Betsabé Carrasco, abogada de Línea Aborto Libre.

En el país, existen varias organizaciones socorristas que se dedican a ayudar, con información e insumos, a mujeres en situación de aborto.

Estas redes fueron las primeras en alertar lo que estaba ocurriendo en el país desde que la pandemia llegó a la región, las fronteras comenzaron a cerrarse y los mercados que proveían el misotrol cayeron en crisis sanitaria.

El notable aumento de búsqueda de medicamentos, de denuncias de estafas y la alta demanda por resolver un embarazo no deseado, son algunos de los indicadores que partieron evidenciando la crítica situación.

Natasha Toledo, activista de Red de Matronas Feministas, explica: “Ha sido difícil el ingreso del medicamento a Chile, tanto por el apoyo de organizaciones feministas internacionales que habitualmente hacen el envío a Chile, como también por el ingreso informal del mercado negro”.

En la vereda del mercado negro, está Marina. En cada viaje que realizaba a Lima por motivos personales, aprovechaba de traer una pequeña carga de suministros de misotrol. A diferencia de muchos vendedores, eso sí, su ánimo no era precisamente de lucrar, sino de “ayudar a mujeres, ofreciendo las pastillas a un muy bajo costo a través de Instagram”. También las asesoraba.

Marina vendía la dosis completa de miso entre 35 mil a 60 mil pesos, dependiendo de la situación económica de quien comprara, y del costo del viaje. Por razones obvias, sus viajes cesaron, y con eso su stock de medicamentos a precio accesible.

El mercado negro “confiable” también se detuvo.

Sin las amigas, pero en casa

Antonella oculta algo.

Tiene 18 y no sólo le agobian los trabajos en línea del liceo: su mamá, conservadora y protectora, no sabe que su hija tiene siete semanas de embarazo.

Contactó a Con las Amigas y en la Casa para pedir apoyo. La buena noticia es que la ayudarán; la mala, es que debido al poco tiempo de gestación, ha quedado en lista de espera. La prioridad es para embarazos más avanzados.

Los días se fueron sumando y la desesperación de Antonella también. Tanto ella como su pololo, quien trabajaba en una construcción, quedaron sin trabajo producto de la paralización del país.

“Comencé a buscar otras alternativas y me están pidiendo 180 mil pesos, no tengo esa plata, no estaba en mis planes”, cuenta.

Sin compañía y bajo el estrés de aquello que no está bajo su control, Anto es una muestra de que la cuarentena, además de los problemas de mercado que ha potenciado, es también un contexto que no permite tener la contención necesaria.

Claudia Brett, profesional de Unidad de Trauma y Disociación de Red de Salud UC Christus, explica: “Si la mujer se encuentra sola, como puede ocurrir en este contexto de pandemia, el riesgo de desarrollar un trastorno por estrés postraumático u otros trastornos mentales es más alto”.

“El apoyo social es clave para amortiguar dichas consecuencias emocionales”, agrega.

“¿Qué pasa si me sale algo mal en el proceso, cómo voy a acceder a la salud si está todo limitado? No tengo cómo llegar, ni las condiciones están para que yo vaya al hospital o al policlínico”, dice Anto, inquieta. 

Antonella está obligada a esperar una respuesta que no depende de ella.

Tiene muchas razones para sentir miedo. Abortará sola, sin decirle a su mamá, sin las amigas, pero en casa.

12

“La dosis recomendada en caso de usar misoprostol es de doce pastillas”, parte diciendo Natasha, experta en salud sexual y reproductiva, respecto a los efectos de la escasez.

El problema de no poder completar la dosis, ha llevado a muchas personas a intentar el aborto con una cuota menor: 8, 9 ó 10 píldoras. “Un aborto incompleto puede cursar con sangrado, una hemorragia, en la cual sale una parte, y otra queda en el útero”, explica.

“El otro riesgo de un aborto incompleto, es que queden restos que generen una endometritis”, agrega la profesional. Esto es una infección al útero que requiere de atención médica urgente.

Por falta de información, muchos cuerpos gestantes utilizan los medicamentos de forma intravaginal, cuyos rastros pueden permanecer en el interior hasta por cinco días. En caso de que la mujer o el cuerpo gestante deba ir a Urgencias por sangrado, hemorragia, dolor o infección, existe el riesgo de que sea criminalizadx por el personal médico.

Piratería

Jose es de la Quinta Región, tiene dos hijos y quedó embarazada de alguien que está cesante. Contactó a una de las redes socorristas el 9 de abril, pero por la alta demanda de ayuda durante la cuarentena, después de veinte días de angustia, no tuvo respuesta.

Esto la llevó a esa mala decisión que lamenta: buscó en el mercado negro, a través de Google, una opción alternativa.

Fue así cómo encontró una página “no tan chanta”, dice. Le cobraron 150 mil pesos por una dosis de doce pastillas. Se las puso bajo la lengua a las diez de la noche. Una hora más tarde, al no sentir efectos, le habló a la chica que se las vendió: “Simplemente ya estaba bloqueada”.

Las pastillas de www.misotrolventa.cl no dieron resultado.

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Abortar de forma casera con medicamentos tiene muy bajos riesgos si se aplican los procedimientos adecuados y avalados por la OMS.

La otra opción es acceder a abortos quirúrgicos sin resguardos sanitarios e incluso poniendo en riesgo la vida, a cambio de una importante suma de dinero que oscila entre los 500 mil y el millón de pesos.

“Para evitar una estafa recomendamos informarse por una red segura. Otro factor para sospechar es que se venda sin un protocolo, como información sobre medicamentos extras y riesgos”, explica Betsabé Carrasco, de Línea Aborto Libre.

En caso de acceder al mercado negro, por medio de alguien que venda de forma independiente, la abogada recomienda revisar el producto, sin embargo “últimamente eso es difícil porque en cuarentena se están comercializando mediante envíos”, dice.

Pero la piratería de misoprostol no es nada nuevo. Así como se falsifican medicamentos de cualquier tipo, zapatillas, ropa de marca y alcohol gel, un fármaco cuya comercialización es ilegal y con un comportamiento de demanda “más bien desesperado”, ha sido blanco de lucrativas imitaciones.

Las denuncias se dispararon, coinciden todas redes abortistas en Chile.

Respecto a la PDI, los datos no son representativos ya que “nadie denuncia, por miedo, entonces los estafadores quedan en total impunidad”, confirma la abogada.

Por lo mismo, en Línea Aborto Libre levantaron un instructivo con consejos para prevenir estafas.

También existe una cuenta de Instagram en la que se publican denuncias de ventas fraudulentas: Cuidémonos entre Todas.

“Como hay una escasez y un mercado negro que está lucrando con la desesperación de las mujeres, nos han llegado muchos casos de misoprostol falsos”, confirma Natasha Toledo.

La activista, señala una serie de errores observables en una pastilla falsa: “Los bordes son irregulares, los números en uno de los lados están mal impresos, el paquete no está sellado, y no viene en lote”.

“En el mercado negro se ha disparado el valor, cuatro, cinco veces más de lo que habitualmente vale”, cuenta Natasha desde el activismo de salud. Comenta casos en los que han comprado misotrol falso a 200 mil pesos.

Un “final feliz” cuesta 180 lucas

Largas noches en Internet y docenas de mensajes a activistas y grupos feministas.

Ha pasado un mes desde que Laura nos relató su desesperada búsqueda por ponerle fin a su embarazo. Hace poco, tuvo la fortuna de encontrarse con una oferta real. Su cuerpo se está recuperando.

Entre sus amistades, logró recaudar 180 mil pesos para comprar pastillas a un valor inflado. “Se formó un lucro con todo esto”, lamenta. Pero Laura está feliz: esta vez no traerá un niñx no deseadx al mundo.

Pagar 180 mil pesos para poder realizar un aborto casero, sin garantías de seguridad y con cierto riesgo en la salud, criminalización, y estafa. Con toque de queda y pocas alternativas para llegar a Urgencias si se hace necesario.

Lograr el embarazo así, frente a todas esas condiciones, en Chile, es un “final feliz”.

Laura abortó en un Chile criminalizador y además pandémico, y tuvo un final feliz.

Otrxs no.

*Nota: Algunos nombres de este reportaje fueron cambiados para proteger las identidades detrás de los testimonios.