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Crítica de cine: “Rara”, ser familia es una acción visceral

Actresses from left to right: Agustina Muñoz, Mariana Loyola, Julia Lübbert, Emilia Ossandón

La película adapta libremente el caso de la jueza Karen Atala, lo traduce a sus dominios universales y recoge con clase la voz de un grupo invisible en el cine chileno: los preadolescentes.

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Por Fernando Delgado

Un coming of age, un drama de padres e hijos y también una comedia preadolescente. De todo eso se compone “Rara”, película chilena que llega este jueves a los cines como una premonición a los reclamos y urgencias que agitan hoy el avispero.

Sara (Julia Lübbert), va a cumplir 13 años, tiene una hermana menor; Catalina (Emilia Ossandón), un padre llamado Víctor (Daniel Muñoz) y dos madres; Paula y Lía, (Mariana Loyola y Agustina Muñoz). Nada fuera de la norma considerando que esas dos madres son pareja sentimental y tienen una vida cotidiana junto a las niñas protagonistas del relato. Entre ellas todo es apacible, doméstico y hasta un tanto pasmoso de la tranquilidad en la que se mueven.

El entorno de Sara es receptivo y libre pensador, eso al menos en apariencia. Sus madres nunca han sufrido un ataque homofóbico, es gente preparada, con una vida agradable en un barrio residencial de Viña del Mar. Sara tiene buenos amigos -para los cuales la realidad de su madre biológica no alcanza a ser un tema- y comienza a sentir algo parecido al amor por un compañero de su curso.

Pero a Sara algo comienza a incomodarle, no logra resolverlo del todo en su agitada emocionalidad. Quiere remover y cambiar las reglas del tablero de juego. Pero ella es hija y es menor de edad, no está en plan de negociar ni desarmar nada. Aún así avanza y nadie la detiene, quiere algo normal en su vida, sin tener certeza alguna de que significa eso hoy día.

La decisión está tomada, la hija mayor ha tomado al toro por las astas y con su voluntad, pone a sus padres a disputarse su tutela y la de su hermana. Ambas niñas serán testigos silenciosos de peleas en voz baja, rabias contenidas, llamadas telefónicas a gritos y silencios devastadores.

“Rara” es difícilmente una película que pudiera etiquetarse como una de temática gay. Al contrario, es una crónica a veces tierna, por ratos amarga y posteriormente cruel acerca de la más feroz de la batallas: una entre una madre y su hija. Esto no va sobre gustos ni orientaciones personales, va acerca de los lazos de sangre.

Es cierto, la sangre tira. Pero a veces lo hace en la dirección opuesta a la que se espera y de ahí se devela la rabia y la sensación de traición. Ser familia es una acción visceral y así lo entendió magistralmente su directora; Pepa San Martín y su guionista Alicia Scherson, en conjunto a las arrebatadoras Lübbert y Ossandón.

“Rara” adapta libremente el caso de la jueza Karen Atala y lo traduce a sus dominios universales. Recoge con clase la voz de un grupo invisible en el cine chileno: los pre-adolescentes.

Y también habla de nuevas- o no tan nuevas- formas de hacer familia. Todo narrado con solvencia, naturalidad y cero proselitismo. Una fábula – con gato incluido- para nada rara, que normaliza y dialoga con los otros acerca de amar ciegamente, como lo haría una madre con un hijo, a pesar de que ese ejercicio puesto en práctica duela, queme y desgarre por dentro.