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Daily Singular Beyond Weekend Never Dies


Espeluznantes historias de gente que ha vivido el horror de tener un stalker

stalker

Desde recibir libros de brujería hasta sufrir el hackeo de tus cuentas de correo, el acosador puede ser un ex, alguien que no conoces o, incluso, tu padre.

acosador

En la investigación para hacer este post me encontré con una macabra coincidencia: una de las historias coincidió exactamente con la mía, que inspiró la idea de esta nota. Ahondando en detalles con quien me entregó ese testimonio, averiguamos que se trataba de la misma persona.

El miedo en común fue un motor clave para sacar adelante esta compilación de testimonios. Por supuesto todos los nombres fueron cambiados.

Joaquín: “Agarraba el semen y lo ponía en su vagina diciendo que necesitaba un hijo”

“Solía tener sexo casual con una mujer, éramos amigos de las 2 AM. Nunca le mentí con cosas amorosas y trataba de hacérselo entender con el poco tiempo que pasábamos juntos. La locura comenzó una noche que una conversación sobre la infancia floreció y de la nada se convenció de que quería un hijo mío esa noche. Entre risas, le decía que me consideraba muy pendejo y que no conozco muchos hombres que sientan el llamado a ser padres. Luego de olvidar con más vino esa conversación, el acto sexual volvió a florecer y ella a cada rato me molestaba con que preferiría que todo fuera sin condón. Me quedé raja, pero me di cuenta que ella estaba en el piso investigando algo. Miro un poco más cerca y me doy cuenta de que en su mano sujetaba el condón del coito anterior. Mientras agarraba el semen, me miraba y lo depositaba en su vagina diciendo que ella necesitaba un hijo. Yo, entre desesperado, agarré todas mis cosas incluyendo mi condón y salí de la casa. El condón estaba vacío.

Después de eso nunca más le hablé o quizás sí, pero fue algo del estilo ‘qué te pasa’. Me respondió con mensajes de texto pidiendo perdón. Mensajes de Facebook con poesías. Llamadas perdidas. Mails con biografías de infancias difíciles. Videos de ella desnuda. Luego, comenzó el miedo: libros de brujería en la puerta de mi casa, un globo negro que flotaba sobre una planta, mi nombre quemado en una biblia, una botella de sangre de regla. Llegados a este punto, hasta mi madre estaba asustada. Tuve que recurrir a una amiga que la conocía contándole y mostrándole todas las evidencias, se impresionó del tema y fue con varias amigas a verla. La encontraron desnuda, delgada y agradeciéndole a mi amiga por habernos presentado, le decía que estábamos en una relación hermosa. Sus amigas se preocuparon de su estado y le avisaron a su madre. La tuvieron que internar unos meses. Me sentí pésimo, yo sólo quería imitar esa película donde los amigos tienen sexo sin compromiso. Me la encontré la semana pasada camino al trabajo. Intenté ser “un hombre” y saludarla. Me dijo: Abróchate los zapatillas, imbécil. Quiero creer que esa frase tiene múltiples lecturas”.


Claudia: “Me llegaron correos diciendo maraca culiá péscame

“Empezaron a llegarme correos de un ‘admirador secreto’ diciéndome que era muy linda y que quería que fuéramos amigos o algo así. Le respondí que seguro se equivocó de persona. Pero siguió escribiendo, a veces correos cortos contándome que se había acordado de mí. Respondí unas dos veces, pero sus correos cambiaron a declararme amor infinito, ofrecerme regalos, decirme que no había nadie más para mi, que dejaba todo botado si yo le decía. Estoy hablando de alguien que yo no conozco y que nunca conocí, por deducciones supe quién era.

Siguió enviándome correos, algunos con dibujos míos, de fotos que tenía en mi Fotolog de ese tiempo. Pasaron los meses y empezó a enviarme correos del tipo ‘maraca culiá, péscame’. En ese tiempo yo tenía pareja y él me decía que no me quería, que sólo él sabía cómo quererme’. En un comienzo sentí que era mi responsabilidad por estar expuesta en Internet, escribía en mi Livejournal sobre mi vida y pensaba que por eso él sabía tantas cosas. Obviamente él era el que estaba mal. No sé cómo en su cabeza me dijo que me amaba tanto si no nos conocíamos”.


Belén: “Me daba miedo salir del departamento”

“Estaba trabajando en un conglomerado medial que tenía un servicio de móviles. Ahí me hice amiga de uno de los chóferes, un hombre de más de 55. Después de meses de amistad y de muchas infidencias compartidas, me llamó en mi horario de trabajo muerto de borracho diciéndome que me extrañaba, que era una de las mejores cosas que le había pasado en el año. Al tiro caché que era algo que no debería estar pasando. Entonces, me incomodó. Empecé a ser cortante, a no pescarlo cuando me iba a ver y no contestarle nada, pero empezó a llamarme insistentemente, a mandarme mensajes por WhatsApp y postearme en Facebook. Lo bloqueé de todos lados, pero les sigue preguntando a mis amigas por mí; a una de ellas le empezó a hacer las mismas cosas. Sabe dónde vivo y a veces, los primeros días, me daba miedo salir del departamento, por si me encontraba con él”.


Benjamín: “Mi papá se convirtió en mi acosador”

“Lo más fuerte pasó el verano del 2007 o 2008, ya no recuerdo. Mis papás se separaron a mediados del 2006, y según el acuerdo de mediación, teníamos fin de semana por medio y dos semanas de vacaciones con cada uno. Eso sí, nunca especificaba cuándo podían empezar dichas vacaciones. Con esto, empezó un hostigamiento heavy de mi papá: nos llamaba, nos reclamaba, que no podía ser así, que no correspondía. Nos preguntaba qué opinábamos, pero cuando le decíamos que no pensábamos igual que él, se enojaba y seguía discutiendo. Esto fue por toda una semana antes de las vacaciones; además, salíamos con él los miércoles, y el último no nos quería dejar volver a la casa hasta que le diéramos la razón. Finalmente, tuvimos que ‘escaparnos’. El jueves apagamos todas las luces de la casa después de la hora del trabajo y no contestamos los teléfonos. Él estaba fuera de la casa, buscando pelea como fuera. Íbamos a partir el sábado, pero estábamos seguros de que él iba a estar esperando fuera de la casa, por lo que mi mamá pidió el día siguiente y partimos a la casa de una tía. Un amigo de mi mamá nos confirmó que estuvo el viernes en la tarde y el sábado esperando afuera de la casa para evitar que saliéramos, mientras nos llamaba constantemente a los celulares. Pasamos el viernes donde mi tía y pudimos partir tranquilos a la playa el día siguiente.

Para las vacaciones siguientes, intentó insistir, pero no lo hizo tanto. Ahora no tengo relación con él. No le hablo. Mi hermana y hermano chico lo han cortado bastante también”.


Loreto: “Me dijo que en la muerte era la única manera que fuera de él”

“Fue mi primer pololo: estuvimos juntos el 2012. Era muy celoso y manipulador, me cansé de eso. Tuvimos unas semanas de tira y floja en que él quería volver y yo no, me llamaba borracho, me chantajeaba con su depresión. Decía que pensaba en el suicidio. Le creí en un momento y después me di cuenta que solo lo hacía por volver. Así que me puse firme y le dije que no quería más, uno de sus mensajes decía: ‘you can run but never hide’. Me llamaba como 30 veces en una hora; todos los días por meses, dejaba mensajes anónimos en Tumblr, en fin. Con el tiempo y al ignorarlo, cada vez empezó a disminuir, ahora no le tomo importancia, pero aún me manda mensajes o pone likes a mis fotos de Instagram.

Lo último fue hace un mes: me habló por Instagram, lo ignoré y a los días descubrí que miraba mis historias de Instagram, pero desde una cuenta donde vende cosas. Sentí mucho miedo y anduve paranoica, nunca he estado tan asustada de salir y encontrarme con alguien. Una vez me dijo que en la muerte era la única manera que fuera de él. Cuando aparece, a veces vuelvo a sentir la inseguridad y la rabia de haber estado con alguien así y de que aún aparezca aunque lo tengo bloqueado en todo. Solo le conté a dos amigos la situación y ellos me apoyaron pero sentía vergüenza de contar eso. Me hace sentir culpable por haberlo permitido, aunque sé que no es mi culpa”.


Ignacio: “Llegué a tener 800 correos en dos meses”

Empecé a hablar con una chica que me agregó porque le gustaba la banda de música dónde tocaba, y decía ser de Valdivia (ciudad donde vivía hasta ahí). En la foto era muy guapa y comenzó una relación muy amistosa, yo en pareja en ese entonces, ella según lo que decía también. Hasta que cada uno terminó su relación y terminamos siendo como confidentes. Nunca nos juntamos por una u otra razón. Ella decía que estaba viviendo en Santiago y yo me vine a vivir acá mismo por la música, técnicamente ya no había razones para no juntarse. Pero nunca pasó y decidí terminar la ‘relación’. Ella desapareció por un rato del mapa, hasta que empezaron los correos anónimos insultando, llegué a tener cerca de 800 correos en 2 meses. Me cambiaron las claves de Face y Gmail, tuve que eliminar una cuenta de Gmail. Empezó a mandarme pantallazos de conversaciones mías, por lo tanto ella tenía acceso a mi cuenta de Facebook, entonces vio que yo me había metido con alguien después de haberla mandado a la cresta, lo que la volvió loca. Ahí comenzó el infierno.

El nombre de la persona de las fotos con la que hablaba no se llamaba así y resultó ser una cuenta falsa. Hablé con la niña real y me dijo que ya le había pasado antes. Bloqueé la cuenta de Face, y empezaron a llegar mensajes desde la cuenta de su supuesta amiga (cuenta falsa hecha por ella). Resultó que creó mas de 50 cuentas para hacerme creer que era una vida real. Hice denuncias a la PDI, pero hay tantos vacíos legales en relación al acoso cibernético que no pudieron hacer nada. Esto ha perjudicado relaciones amorosas que he tratado de tener porque hostiga a mis parejas y hasta a sus familias de manera muy violenta”.