Chile manda de regreso a miles de inmigrantes a un país en medio del caos y al borde de la guerra civil.


Haití fue la primera nación de América en independizarse, pero su costo se ve reflejado hasta el día de hoy. Tras la expulsión de los franceses, el país galo obligó a que los caribeños pagasen indemnizaciones tres veces superior a lo que el país podía generar provocando un endeudamiento que, sumado a un bloqueo comercial impuesto por otras colonias de mayoría blanca, llevó a que su población se empobreciera hasta convertirse en la nación con menores ingresos de América.

Si sumamos décadas de dictaduras corruptas y desastres naturales como el terremoto del año 2010 que dejó casi medio millón de muertos, no podemos sino preguntarnos qué formula debe tomar Haití para salir de una crisis sin precedentes que este último mes explotó de forma masiva y olvidada por el resto del mundo.

Mientras Venezuela se mantiene bajo el escrutinio internacional debido a que las potencias se dividen entre el apoyo a Maduro y Guaidó, en Haití la ayuda humanitaria brilla por su ausencia y los muertos durante las protestas cifran como menos, una treintena de fallecidos.


Los analistas internacionales aseguran que América Latina se está convirtiendo poco a poco en el Medio Oriente de Trump, debido a los intereses petroleros que la administración americana tiene sobre la república bolivariana. Otros países Latinoamericanos, entre ellos Chile, también se han mostrado empáticos con el gobierno del presidente interino haciendo acto de presencia durante la fallida entrega de ayuda humanitaria a fines de febrero.

Sin embargo, la situación con Haití parece no llamar la atención de los medios debido a la poca importancia geopolítica que tiene el país de 11 millones de habitantes. Es más, el gobierno de Chile continúa enviando vuelos con inmigrantes haitianos hacia su país de origen, con una condición bastante polémica: si aceptan volver a su tierra, tienen la prohibición de pisar suelo chileno durante 9 años.

Plan de retorno humanitario

Cerca de 200 mil haitianos viven en Chile y durante el último año, miles de ellos se han visto imposibilitados de regularizar su situación como inmigrantes debido a las trabas burocráticas que imponen los servicios a cargo del papeleo correspondiente. El gobierno de Sebastián Piñera, anunció como medida el “Plan de retorno Humanitario” en el que los ciudadanos caribeños podían volver a su país de origen con la condición de no retornar a Chile en un periodo de casi una década.

El sexto y último de estos vuelos, partió el 26 de febrero, en medio de la ola de violencia y protestas producto del alza del combustible y la corrupción que involucra al presidente haitiano tras recibir dineros de Petrocaribe (plan venezolano que subsidiaba a naciones del archipiélago para contribuir a su desarrollo).


Mientras cientos de haitianos eran enviados de vuelta a la convulsión de su tierra por falta de papeles que regularicen su situación, el presidente de nuestro país se preparaba para reunirse en la frontera de Cúcuta en Colombia para participar en Venezuela Live Aid.

“El no cambiar esta medida en virtud de la situación que está viviendo Haití da cuenta de que al gobierno no le interesa la dimensión humanitaria del programa, sino que le interesa enviar un mensaje a la población nacional en términos de que están controlando la migración” explicó a Radio universidad de Chile Luis Eduardo Thayer, expresidente del Consejo Consultivo de Migraciones.

“Hay una serie de políticas racistas y es lo preocupante. Pedirle papeles que no pueden conseguir, ponerle una visa consular, dificultarles acceso a trámites, es toda una política de hostilidad” reafirmó Héctor Pujols, vocero del organismo.

La situación de Haití sigue escalando y la ciudadanía pide la renuncia de su presidente sin tener claro un futuro a seguir para el cese de la corrupción y pobreza. Y si bien el mundo ha hecho la vista ciega hacia esta nación, nuestro país ha contribuido a empeorar la situación de indiferencia mediante una evidente inmigración selectiva con tintes racistas que continua vigente.