Desde el estallido social del año pasado, el doctor en Derecho y profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad de Valparaíso, Jaime Bassa, se ha instalado como una de las figuras centrales dentro del debate público por la posible redacción de una nueva Constitución.

Su figura se hizo conocida luego de que en el año 2018 fuera encarado por los diputados José Pérez (PRSD) y Osvaldo Urrutia, quienes le manifestaron sus reparos por no utilizar chaqueta y corbata en la Comisión de Defensa donde realizaba una exposición en medio del debate de una ley orgánica constitucional.

Sin embargo, su trabajo académico en materia constitucional lleva más de una década y ha pujado desde su vereda para instalar la necesidad de cambiar la Constitución de 1980 para avanzar hacia un país con igualdad de derechos sociales para todas y todos.

Bassa también ha señalado que quiere postular a una eventual Convención Constitucional con el fin de seguir aportando en esta materia en momentos cruciales para la historia del país.

“Lo que hagamos en estos dos o tres años, entre el 2019 y el 2022 va a generar efectos permanentes para la historia de la república de aquí en adelante y creo que todos y todas deberíamos estar en condiciones de dar lo mejor que podamos dar en un momento como este. En particular yo he estado participando del estallido, de la revuelta, del proceso constituyente cumpliendo un papel muy particular como una suerte de facilitador de ciertos contenidos constitucionales. He asistido a muchos cabildos, asambleas, encuentros, etc. Donde se han discutido muchas cuestiones importantes y muchas reflexiones ciudadanas y populares que debieran tener un reflejo, una presencia, una representación en la Convención Constitucional”, afirma.

En esa línea, el jurista agrega que “si puedo seguir de alguna manera aportando en ese camino, en esa forma de representación de las discusiones constituyentes que surgen desde los territorios en los cuales yo he participado para mí sería un honor hacerlo. Y si no se puede, no importa seguiré participando en el que ha sido mi espacio preferente académico porque creo que llegados a este punto ninguno de nosotros debiera restarse de participar en un proceso histórico tan importante para el país”, asegura.

En esa línea, Bassa es parte de las y los autores del libro de ensayos “La Hoja en blanco. Claves para conversar sobre una nueva Constitución” lanzando recientemente por editorial La Pollera.

El abogado puso su firma con el capítulo, “Cómo cambian las constituciones”, como parte de un libro indispensable para la conversación post Plebiscito pues además aborda temáticas para considerar en una nueva Constitución, como feminismo, medioambiente, pueblos originarios y más.

Regalamos algunas copias de ese libro a través de un concurso que puedes revisar al final de la entrevista.

¿Cuáles son los principales mitos a derribar respecto a un eventual cambio de la Constitución?

Probablemente el mito más importante sea, precisamente, el de la hoja en blanco. Muchos sectores han tratado de confundir a la ciudadanía con una idea equivocada. Como si la hoja en blanco significara borrón y cuenta nueva.

Hoja en blanco significa que vamos a redactar una nueva Constitución, no que vamos a hacer reformas al texto sino que vamos a redactar una nueva. Eso significa una hoja en blanco: que cuando nos pongamos a escribir, la hoja, sobre la cual vamos a trabajar no va a tener nada previamente escrito. Esto pone de manifiesto que este no es un proceso de reformas, como todos los que hemos llevado adelante en el pasado y que han fracasado en su intento de legitimar el texto constitucional, sino que vamos a escribir una nueva Constitución.

¿Cuál es el mito de la hoja en blanco?

La parte de mito con respecto a la hoja en blanco es que vamos hacer borrón y cuenta nueva y vamos a empezar de nuevo. Eso es imposible porque las decisiones políticas se toman siempre en un determinado contexto y el contexto del proceso constituyente está marcado por un presente que está en crisis, una crisis social, una crisis de legitimidad de una sociedad que está esperando respuestas. Entonces, a mí me parecería un fracaso del proceso constituyente si éste se llevara de espadas a ese presente. Si este proceso constituyente hiciera caso omiso de las demandas sociales del presente.

En el mismo sentido, este presente también tiene una historia para atrás. Historia que no nos vincula, pero es una historia que está plagada de aciertos, de errores, plagada de instituciones que han generado efectos positivos, otras que han generado efectos negativos. En un contexto como este, yo creo que lo razonable sería esperar que esa historia fuera revisada, analizada, que pudiéramos rescatar de ella lo mejor, que pudiéramos dejar en el pasado lo peor, pero en ningún caso hacer borrón y cuenta nueva.

Yo me pregunto cómo hacemos borrón y cuenta nueva de la represión y persecución a los pueblos originarios, no podemos hacer borrón y cuenta nueva de eso. Vamos a tener que trabajar sobre ese problema en la hoja en blanco, pero haciéndonos cargo de ese problema.

¿Cuáles son las cosas más urgentes que tenemos que resolver dentro de la nueva Constitución?

Me parece que es fundamental avanzar en una des-concentración del poder en distintos aspectos. En clave territorial por cierto. Hay una centralización agobiante que deberíamos superar. Pero también hay una concentración del poder en la figura del presidente de la república. Hay un presidencialismo muy reforzado que debiéramos trabajar hacia un semi-presidencialismo o un parlamentarismo, que signifique un equilibrio en los poderes del Estado.

También hay formas de concentración del poder en clave de género, en clave de medioambiente. Ahí están las zonas de sacrificio dando testimonio de esa concentración. Incluso en materia educacional hay una evidente concentración al capital cultural al cual es funcional el sistema escolar y universitario.

Una segunda línea de cambio dice relación con la des-mercantilización de los derechos fundamentales. Especialmente de los derechos de carácter social. Salud, educación, trabajo, vivienda y seguridad social son derechos que atraviesan la vida cotidiana de todos nosotros.

Esto incluye la mercantilización de la vida en la cual esos derechos están llamados a generar efectos y esa mercantilización está probablemente en la base de la precariedad, en la base del abuso y en la base del malestar social que se ha venido acumulando en los últimos años. Entonces, la nueva Constitución debiera hacer el máximo esfuerzo posible por recuperar esos derechos y recuperar las condiciones de vida digna que la gente está manifestando.

¿Cuáles serían las ventajas de una Convención Constitucional por sobre la Convención Mixta?

Primero, la Convención Constitucional es paritaria, la mitad son hombres y la mitad van a ser mujeres. Lo que es un hecho inédito en la historia de nuestra república, pero además es un hecho inédito en las Constituciones en el mundo. Ese dato de participación paritaria es un factor suficiente para inclinarme a favor de la Convención Constitucional.

Además la mixta, supone que la mitad de sus integrantes van a ser diputados y senadores en ejercicio es decir actuales integrantes de la cámara y del senado que van a ser designados prácticamente entre ellos mismos, que van a estar durante un año en doble función. Van a estar redactando leyes y, además, van a estar redactando simultáneamente la Constitución. Ese es un mal mecanismo porque supone poner al gato a cuidar la carnicería.

Hay unos incumbentes que tienen intereses comprometidos, por ejemplo, en el límite de la reelección parlamentaria y no parece razonable que esas mismas personas que van a estar afectadas por las decisiones que tomen, participen en la toma de esas decisiones.

Además que, como consecuencia del carácter mixto de la convención, en el caso de la convención mixta, como la ciudadanía va a elegir a la mitad de sus integrantes la gran mayoría de los distritos electorales van a ser binominales y vamos a volver a las mismas lógicas de exclusión política que caracterizaron el periodo de la transición, dejando afuera de la representación en la Convención Constitucional a un amplio sector de la ciudadanía.

¿Qué piensas cuando escuchas la frase “rechazar para reformar”?

Pienso: esta gente creerá que uno es hueón, eso es lo primero que se me viene a la cabeza. Más allá de lo que yo quiera creer o no, la práctica política de los últimos 30 años muestra que cada vez que hubo que impulsar reformas estructurales importantes, ese sector las rechazó.

Han rechazado las reformas y ahora están por rechazar la nueva Constitución. No hay ningún sentido de realidad en la idea de que pueda rechazarse un cambio constitucional con la esperanza de que eventualmente después se van a aceptar las reformas cuando nunca se han aceptado las reformas. Tampoco es que sepamos qué quieren reformar.

Si dijéramos: sabes que esta gente no quiere nueva Constitución porque entiende que solo hay que reformar el catálogo de derechos o que bastaría con reformar la orgánica del Estado y tener un modelo semipresidencial. Entonces, ahí uno podría ponderar las alternativas. Pero rechazar para reformar es el equivalente a: aprobar la ley de divorcio es el fin de la sociedad contemporánea. La despenalización del aborto es el fin de la sociedad contemporánea.

Son puras falacias que no se sostienen en prácticas políticas concretas. Que no tienen contenido político y que hasta ahora han sido utilizadas como argumentos para transmitirle temor a la ciudadanía.

Lamentablemente, el miedo ha sido históricamente un arma política muy provechosa para ciertos sectores que se oponen a los cambios sociales. Lo interesante es que los cambios sociales ocurren igual, son irreversibles, el tema es cuándo esos cambios sociales ocurren y no si es que ocurren o no.

José Antonio Kast señaló que va a votar por la Convención Constitucional. Los sectores más conservadores ya están proyectando su participación en ese espacio con el fin de bloquear ciertos cambios que se quieren hacer dentro del país. ¿Cómo evalúas esa situación?

Lo que pase en la Convención Constitucional va a depender mucho de lo que ocurra en las elecciones de constituyentes del 11 de abril.

Si en esas elecciones participa el mismo 46% que participó en las últimas elecciones a diputados en 2017, probablemente la Convención Constitucional va a ser muy parecida a la actual Cámara de Diputados. Sin embargo, si nos acercamos al 55% o al 60% de participación el nivel de representatividad de la Convención Constitucional va a mejorar respecto de la Cámara de Diputados y muy probablemente los sectores sociales que han estado pujando por un cambio van a tener una mayor representación.

Si vota menos gente la Convención Constitucional va a ser un reflejo de la Cámara de Diputados y en ese escenario los partidos de Kast van a tener dos representantes, quizás tres, pero si vota más gente probablemente los sectores antidemocráticos van a quedar excluidos de la Convención Constitucional.

¿Cómo le explicarías a una persona que dice: “Me da lo mismo el cambio a la constitución porque no cambia nada en mi vida” que esta elección es relevante?

Primero, le diría a esa persona que trate de informarse lo más posible, que no me crea a mí, que no crea lo que escucha por la tele o en las redes sociales.

En segundo lugar, le diría que los cambios constitucionales son necesarios para la configuración de la vida en sociedad, pero no son suficientes. En ese sentido, algo de cierto hay que las cosas no van a cambiar de un día para otro.

Pero, en tercer lugar también le diría que hay aspectos de nuestra vida cotidiana que derivan de lo que establece la Constitución.

Aspectos importantes como la vivienda, la educación, el medioambiente, el trabajo, se distribuyen en la sociedad según lo que establece la Constitución.

Por ejemplo, una mejora en el régimen de aprovechamiento de aguas va a permitir que muchas comunidades del centro-norte del país puedan tener acceso a agua potable que hoy día no lo tienen.

Lo mismo ocurriría con las mejores que se han estado demandando por educación pública, gratuita y de calidad porque para el ordenamiento constitucional vigente, la educación es un bien de consumo y genera efectos solamente respecto del ejercicio individual, pero no hay una función social de la educación. No se protege la forma en la que la educación permite construir también a la propia sociedad. Y esas mejoras podrían implementarse a partir de una nueva Constitución no porque ésta represente un cambio mágico, pero sí es el primer paso necesario para mejorar esas condiciones en el ejercicio de los derechos fundamentales.

¿Por qué se considera que esta constitución, a pesar de que fue reformada, sigue manteniendo un espíritu pinochetista?

El corazón del proyecto político de la Constitución del 80′ sigue intacto. Es un proyecto político caracterizado por una desconfianza estructural hacia la democracia, por la mercantilización de los derechos sociales, por unas formas de concentración del poder muy características y por el carácter subsidiario del Estado.

Hemos tenido reformas el 89, el 2005 y varias más entremedio, que han afectado otros aspectos de esa Constitución, pero el corazón de la Constitución original sigue vigente.

¿Cómo ha sido para ti este proceso histórico?

Ha sido bien intenso porque han pasado muchas cosas en los últimos 12 meses. Pero la discusión constituyente viene de antes. Quizás sin la notoriedad y sin la exposición que tiene ahora, pero hay sectores que venimos trabajando en esto hace un buen rato y hay cierto cansancio en ese sentido. También toda la tensión emocional que significa ver por ejemplo a un chico de 16 años empujado por el puente del Mapocho. Las movilizaciones, la represión estatal, desde esa perspectiva ha sido muy intenso.

Pero al mismo tiempo ha sido muy esperanzador que las distintas demandas sociales se hayan encontrado el 18 de octubre. Que nos hayamos encontrado en las calles, en las plazas, en las asambleas territoriales para darnos cuentas de que tenemos demandas comunes, de que tenemos problemas comunes y que muy probablemente la única forma de salir adelante es trabajando de manera conjunta.

Espero que esa esperanza que hay en el ambiente se traduzca en una alta participación en el plebiscito que tenemos este domingo 25 de octubre.

¿Cómo se puede enfrentar el discurso de que hay gente más preparada que otra para estar en la Convención Constitucional?

Hay un cierto sesgo elitista en pensar que las decisiones políticas son decisiones técnicas, como si hubiera una forma correcta objetiva de tomar decisiones en circunstancias que la técnica tiende a ser un instrumento que está al servicio de la política. Con esto lo que quiero decir es que la enorme mayoría de las decisiones que tomamos y que afectan nuestra convivencia democrática son decisiones en las cuales cualquier persona tiene algo que decir precisamente porque participa de esa convivencia democrática.

Eso no quiere decir que luego al momento de poner por escrito esas decisiones, de redactar esas leyes no tenga que venir alguien con el conocimiento técnico necesario para que esa redacción generé los efectos jurídicos que se espera que genere. Esa es una etapa distinta.

Pero en la etapa de la deliberación, en la etapa de la elaboración de los contenidos que son incorporados en las normas no se necesita conocimiento técnico, se necesita conciencia cívica, se necesita sentido de realidad, sentido de pertenencia en una comunidad determinada, se necesitan buenas asesorías.

Los tan vilipendiados asesores son fundamentales para que la representación democrática sea efectivamente democrática porque si sólo nos van a representar las personas que ya saben, mejor cerremos el Congreso y traslademos esas funciones a una facultad de Derecho. Pero si queremos representantes de verdad, necesitamos buenos asesores, asesores técnicos, experimentados, de modo tal que las decisiones políticas y las deliberaciones políticas que surgen de la ciudadanía, llegado el momento, puedan tener los insumos necesarios, puedan tener la información necesaria y puedan traducirse en un lenguaje jurídicamente correcto.

Mira la versión en video de esta entrevista en el capítulo 8 de Rebeldes acá, donde también puedes participar por una edición del libro “Hoja en Blanco”, gentileza de editorial La Pollera

 

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Jaime Bassa (@jaime.a.bassa) es abogado constitucionalista, doctor y magister en Derecho y magister en Filosofía. Desde esa vereda le pedimos que nos compartiera sus reflexiones a dos días del Plebiscito y también que nos contara como recuerda el mítico “caso de la chaqueta y corbata” en el Congreso. Pero hay más. Tenemos un concurso porque Jaime es uno de las y los autores del libro de ensayos “La Hoja en blanco. Claves para conversar sobre una nueva Constitución”. Sortearemos dos ejemplares de este magnífico libro para conversar respecto a una nueva Constitución – feminismo, medioambiente, pueblos originarios y más. Para participar solo debes comentar acá por qué quieres el libro y seguir a @lapolleraediciones

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