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Estación Zombie: muertos vivientes, patadas voladoras y daddy issues

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Puedo decir con honestidad que fueron las mejores/peores dos horas de mi vida.

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El cine de Corea del Sur tiene fama de ser violento. Y con justa razón: I Saw the Devil, Old Boy, “la trilogía de la venganza” y muchas, muchas más. Pero no son los únicos: los gigantes asiáticos como Japón y China son expertos en derramar sangre y dejarnos con un hilo en la garganta.

Tren a Busan, o Estación Zombie, según una horrenda traducción al español, es una película que lo tiene todo: críticas a la sociedad, dramas familiares, personajes increíbles, embarazadas corriendo, abuelas peleando, un tren súper veloz y coreanos mala onda. Ah, y zombies.

La película se convirtió en la más vista de Corea del Sur en 2016, con más de 10 millones de espectadores. Su éxito la llevó a ser distribuida mundialmente.

La historia parte con Seok-woo, un padre trabajólico que tiene abandonada a su pequeña hija, Su-An. Hay una evidente frialdad en su relación, y aunque la niña tiene como 7 años, entiende a la perfección lo mal que está todo entre ellos. En un gran esfuerzo y solo porque es el cumpleaños de su hija, Seok-woo se compromete a llevar a Su-An en tren a Busan, una ciudad a una hora de Seúl, donde vive la madre de la niña.

En menos de 15 minutos desde el inicio de la película ya están instalados en el tren donde casi toda la película se dará a cabo. Antes de que parta, una mujer herida se sube a uno de los vagones. Nadie nota su presencia hasta que ya es demasiado tarde. El tren parte a una velocidad que no conocemos en Chile (porque tercer mundo), y antes de llegar a la primera parada, ya no quedan muchos mortales a bordo.

Como película de zombies funciona a la perfección. Todos los elementos de suspenso, gore, y peleas están increíblemente bien logrados. Es “realista” dentro de todo, ya que nadie aparece de la nada con una AK-47 a matar zombies como experto. Todas las batallas se dan con lo que sea que encuentren en el tren, y en Corea del Sur eso incluye algo de artes marciales y un gran estado físico. 

A pesar de la sangre y la muerte, a la película no le falta humanidad. Pero por sobre todo, tiene mucho corazón. Es un drama que Nicholas Sparks envidiaría (sin ser comparables, porque este guión es bueno), con actuaciones excelentes y con escenas increíblemente bien logradas, tanto por los efectos como por la dirección.

Y como buena película de terror, cada vez que uno cree que las cosas no pueden salir peor, lo hacen. La película es rápida y con un ritmo incesante. Más de cinco veces me pillé pidiendo que terminara. Pero no porque me tuviera aburrida, sino que ya no podía con tantas emociones.

Es una película donde sentimentalismo y el drama se mezclan a la perfección con la brutalidad que exige combatir una plaga de zombies. Lluvia de sangre y lágrimas. 

Está en cines desde el jueves así que corran a verla, porque es uno de los imperdibles del año.

Y Advertencia:  Si eres parte del 99% de la población que tiene serios “daddy issues”, lleva pañuelitos. Muchos pañuelitos.