A pesar de que diversos medios celebraron hace un par de semanas su prohibición en Chile, no existe ningún cuerpo legal o norma que vete expresamente las prácticas de conversión. Calificadas como tortura por organismos internacionales como la ONU, hoy operan de manera clandestina y amparadas por vacíos legales que permiten su continuidad y que dañan profundamente a las personas de la comunidad LGBTQI+. Hablamos con tres sobrevivientes y un investigador para exponer esta realidad que por primera vez tiene una moción en el Senado buscando su prohibición total.

La primera vez que la abogada Eliana Adams (28) fue exorcizada tenía 17 años. La Iglesia Fuente de Vida Para las Naciones lo hacía bajo la justificación de que así le quitarían la legión de demonios que la hacían lesbiana. Ella cuenta que el pastor Alex Álvarez, junto a otras dos personas la sujetaban y le hablaba en latín. “Oraban por mi, reprendían la presencia maligna que tenía en mi interior y la maldición familiar que decían que llevaba por una tía que era homosexual”, relata, “Solo recuerdo que no quería ir al infierno”. 

Nicolás Donoso (31) es psicólogo, trabaja en un CESFAM de Rancagua, ciudad donde creció. Fue criado en una cuna adventista, y progresivamente la religión se convirtió en su lugar seguro, donde además compartía versículos de ánimo y tiempo con otras personas a través de su guitarra. Simultáneamente, convivía con sentimientos contradictorios a sus creencias: le gustaban los hombres. Durante su adolescencia, a pesar de sentirse deprimido, buscó formas de seguir el camino de Dios. Fue así como llegó a las terapias de acompañamiento por orientación sexual. 

Un relato similar es el de Patricio Correa (58), quien creció en San Bernardo, Santiago, en casa de sus abuelos maternos, donde el patriarca era también pastor cristiano en una iglesia cercana. Al igual que Eliana y Nicolás, él tenía una mala concepción de lo que sentía por personas de su mismo género: “no era lo que Dios quería”. Fue exorcizado en una Iglesia cuando tenía 12 años y su familia lo envió a terapias reparativas durante su adolescencia, donde le decían que era una “abominación”. 

Me hubiese gustado crecer en esta época”, dice Patricio Correa Neveau (58), “sobre todo por los avances que hemos logrado como colectivo”, declara el activista por los derechos LGBTQI+, quien participó de las primeras marchas de las disidencias sexuales chilenas en dictadura. Sin embargo, admite que la actualidad “quizás” no lo habría librado de pasar por prácticas reparativas. 

Estas prácticas tienen como objetivo convencer a la persona de que puede cambiar su orientación sexual, expresión e identidad de género y que hay un plan para lograrlo”, explica Tomás Ojeda, Doctor en Estudios de Género en la Universidad de Londres, “muchas veces se traduce en que estas personas tengan que cortar las relaciones y vínculos con todos aquellos que integren el colectivo LGBTQI+, o incluso quienes te animan a dar pasos de aceptación. Esto provoca aislamiento y una disociación que hace insoportable vivir”.

Como Eliana, Patricio y Nicolás hay otros cientos de personas que pasaron por acompañamientos espirituales y/o psicoterapéuticos ligados a sus orientaciones sexuales e identidades de género en el país. Y pese a que el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) publicó recientemente que “Chile prohíbe por ley las «terapias reparativas» de la homosexualidad o la transexualidad”, la realidad es otra.

La publicación de la organización se basa en el artículo 7 de la Ley 21.331, que prohíbe los diagnósticos psicológicos en base a las orientaciones sexuales e identidades de género. Sin embargo, el texto no nombra conceptos como terapias o prácticas de conversión. Por su parte, Ojeda confirma que así, “sería ilegal establecer un diagnóstico sobre esas bases”, pero es enfático al aclarar que el cumplimiento de este artículo es truncado por la conceptualización de estas metodologías a nivel legislativo. 

Es importante nombrarlas como prácticas y salir del encuadre clínico, porque si lo clasificamos como terapia dejamos fuera muchas otras prácticas y dispositivos, como instancias religiosas, escuelas, incluso familias, que quedan fuera del escrutinio público”, sostiene el académico, quien es uno de los pocos que ha publicado estudios sobre estas prácticas en Chile.

Oraban por mi, reprendían la presencia maligna que tenía en mi interior y la maldición familiar que decían que llevaba por una tía que era homosexual”, recuerda la abogada Eliana Adams.

Al no existir una norma que prohíba estas prácticas, los especialistas de la salud mental que las ejecutan pueden seguir atendiendo pacientes. Pero eso no es todo. “Desde la dictadura, los Colegios Profesionales han perdido la tuición legal sobre el ejercicio de sus miembros”, expone Ojeda, “el Colegio de Psicólogos no tiene facultad legal para poder ejercer sanciones contra profesionales de la salud mental colegiades que hagan estas prácticas, y tampoco  existe una obligación legal o ética para que psicólogues tengan que formar parte de la institución para trabajar”.

Además, Ojeda señala que el hecho de que los psicoterapeutas no categoricen su metodología como práctica reparativa complica el escenario. “Hay personas que realizan estas prácticas y que la homosexualidad es una enfermedad, pero de fondo las sexualidades y géneros no normativos serían expresiones patológicas y desviadas, síntomas de algún conflicto o causa de algún otro problema”, apunta.

En el país, estos procedimientos operan de manera clandestina, muchas veces bajo etiquetas como acompañamiento terapéutico de personas con atracción hacia el mismo sexo (AMS), por lo que, “es difícil conocer y exponer a quienes hacen estos procedimientos y dónde”, explica el académico.

Para la Defensora de la Niñez, Patricia Muñoz, es urgente que “exista una protección efectiva a toda persona frente al sometimiento a este tipo de metodologías (…) Cualquier situación que involucre validar este tipo de acciones afecta indebidamente un espacio protegido por la Constitución, pero también por los tratados internacionales de Derechos Humanos, particularmente el derecho a la identidad de género y a la orientación sexual”, señala la abogada.

La Defensora hace hincapié en que el Estado tiene la obligación de velar por el cumplimiento de los Derechos Humanos de niñas, niños y adolescentes. Mientras no exista una Ley que regule estas prácticas, “ellos cuentan con protección reforzada por parte del Estado, que les asegura el ejercicio efectivo de todos sus derechos”. Y Ojeda agrega que al momento de crear un instrumento legal de la materia, “la edad no puede ser el único criterio ya que estas prácticas son dañinas tanto para niños como adultos”. 

Justificación divina

Eliana Adams vivió la mayor parte de su infancia y adolescencia en San Javier, en la Región del Maule. Creció en una cuna evangélica metodista pentecostal, “la más conservadora”, según relata. La casa donde habitó era grande y albergaba a la mayoría de sus parientes maternos, con quienes iba a la iglesia cada domingo. A muy temprana edad aprendió que la homosexualidad era una “desviación bajo los ojos de Dios” y que su práctica llevaría a quien padeciera de esta condición al infierno. Desde entonces ocultó sus sentimientos hacia las mujeres que le llamaban su atención. 

Cuando cumplió 15 años fue diagnosticada con depresión y entró en un conflicto con su identidad. “Estaba realmente mal y me dieron muchas licencias psiquiátricas”, dice. Los pensamientos recurrentes sobre un potencial abandono de parte de su familia si llegasen a saber la verdad la angustiaban. Mientras tanto, oraba cada noche para que Dios la escuchara y la hiciera heterosexual. 

Pero ese mismo año, sus ganas de salir con una chica de quien se enamoró, fueron más fuertes. La respuesta social que obtuvo fue de rechazo inmediato. Su familia materna, con quienes vivía, las echaron a ella, a su madre y a su hermana de la casa, y desde su colegio la expulsaron por la cantidad de inasistencias en su registro. El único lugar que no le cerró las puertas fue la iglesia. 

Allí conoció a Sara Fuentes, una de las líderes que le aseguró tener un camino para encausar su vida según el deseo de Dios: convertirse en una mujer heterosexual y una potencial esposa y madre.  “Me dijo que era una ex lesbiana y que Dios la ayudó a ser heterosexual”, cuenta, “tenía que cumplir con los estándares porque ya no podía vivir más con el rechazo y no podría volver a sentirme rechazada, menos por Dios, porque de donde vengo lo era todo y ella me lo decía: el padre que no tenía, el amor que me faltaba”, relata. Decidió aceptar la propuesta y seguir sus pasos. 

En ese entonces, con 17 años, fue víctima de al menos tres exorcismos. “Después de esto no cambié mi orientación sexual”, cuenta, “para lo único que sirvieron fue para que el sentimiento de culpa y odio hacia mí creciera”.

Alex Álvarez sigue siendo líder de la Iglesia Fuente de Vida Para las Naciones en San Javier. A continuación, una transcripción sin edición de la conversación telefónica que mantuvimos con él sobre el caso de Eliana:

¿Cómo conociste a Eliana?

“La conozco porque en su adolescencia, 16 años tuvo que haber tenido, pero no recuerdo la edad, tenemos una red de jóvenes donde nos reuníamos todos los sábados y ella empezó a participar ahí”. 

¿Qué opinas de las terapias de conversión?

“La verdad es que como lo plantea Eliana, porque no es la primera vez que tenemos una instancia así, porque había hecho unos tiktoks sobre los recuerdos tristes que tenía de terapias de conversión, que es un título que le ha puesto ella o no sé quién, pero en el fondo lo que nosotros hacemos, bajo nuestra cosmovisión, es llevar a la juventud o a cualquier familia o persona a un encuentro con el Señor. Es algo que no se impone”.

Bajo esa misma visión, ¿Dios acepta la homosexualidad?

“Ahí ya tocamos un punto controversial desde nuestra mirada. Nosotros creemos que a la luz de la Biblia Dios crea al hombre y a la mujer, por lo tanto en el Nuevo Testamento encontramos también pasajes donde está en una lista de cosas que Dios reprueba: la homosexualidad. Pero eso no quiere decir que nosotros tengamos un ánimo en contra de un homosexual o ataque, al contrario, de hecho la experiencia con Eliana fue de contenerla, no solo por su realidad, porque ella vivía otras situaciones muy difíciles y quien le guió, que fue una chica que trabajaba en nuestro equipo de liderazgo, fue una contención de amor y de ayudarla en su proceso, pero no de supear la homosexualidad, sino de afrontar la adolescencia que vivía”.

¿La líder era Sara Fuentes?

“Sí”.

Eliana pasó por exorcismos en su Iglesia y tú estabas presente…

“Si me dices que dentro de eso está la conversión, nosotros dentro de nuestra cosmovisión tenemos un retiro donde oramos por todas las personas y sí, administramos lo que es liberación, eso también está en la Biblia: la expulsión de demonios. Pero no necesariamente tenga que ver puntualmente con lo que estamos hablando”.

¿Cuál fue el motivo de ese exorcismo en particular?

“En particular tiene que haber sido lo que hacemos comúnmente cuando estamos orando por una persona, si tiene alguna manifestación que consideramos espiritual. Yo sé que las personas que no conocen lo que es la liberación, quizás exorcismo suena chocante y más si dice que se le afirmó de las manos y todo eso, pero insisto que no es algo que nosotros vivamos tan a diario. Son situaciones puntuales que se dan con personas que de pronto manifiestan algo espiritual”.

Si llega un adolescente con algún malestar, ¿podrían ayudarlo a cambiar según el camino de Dios?

“Claro y no necesariamente hacer que oraremos para sacar mil demonios, no lo abordamos así. Primero acogemos, conocemos y ni siquiera se da el tema si es homosexual. No tendrá trato distinto. Caminaremos con ella, pero claro, llega un punto en que estas personas necesitan saber si sus inclinaciones sexuales o lo que está experimentando está bien o está mal, y le vamos a orientar porque si es menor de edad es complicado. Pero sabemos que hoy en día a los niños quieren darles un montón de información que antiguamente no se le daba, entonces se tiene respeto para algunas cosas  en la edad y en otras no. Eso es contradictorio”.

O sea, ¿guiarlos a la heterosexualidad que los hará felices?

“Desde nuestra cosmovisión, sí. La Biblia es la palabra de Dios y nuestra máxima regla de conducta”. 

¿Se acercan a los padres antes de un exorcismo para preguntarles?

“No, porque puede ser posterior. No es algo que esté preparado. Honestamente no recuerdo si tuvimos cercanía con su madre o si estaba contenta con su participación. Si hay algo que se da en el momento , nosotros administraremos y después se hablará con la familia, porque desde nuestra mirada no estamos haciendo daño. Sería más irresponsable dejar a la persona así porque está manifestando algo, e insisto que no tiene que ser solo la homosexualidad, porque puede ser cualquier área espiritual que está oprimiéndole”.

Alex aseguró que Sara Fuentes se contactaría con el equipo de POUSTA para hablar sobre el acompañamiento a Eliana, pero no sucedió. 

Vacíos de impunidad

Actualmente, en Chile no hay estadísticas sobre prácticas terapéuticas ni religiosas sobre métodos de conversión de orientación e identidad de género. “Existe la sensación de que se avanza en la inclusión del colectivo LGBTQI+ y la protección de sus derechos, por lo que nos ha tomado mucho tiempo convencernos, tanto a la academia como al activismo y los legisladores, de que esta es una realidad que está presente y que pese a que hay avances, no nos hacen indemnes de seguir experimentando formas de violencia que pueden no ser tan evidentes, como este tipo de prácticas y creencias”, enfatiza Ojeda. 

En 2021, producto de los esfuerzos de la Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio, la discusión llegó por primera vez al Senado como una indicación en la Ley Antidiscriminación. La reforma, además de la prohibición total de las prácticas de conversión, propone una nueva institucionalidad orientada al apoyo y protección de los derechos de las disidencias sexuales, que pondría a Chile a la vanguardia sobre la regulación de esta materia. 

Y pese a que el hito llegó a la prensa, impulsado por la polémica desatada por los dichos de la subsecretaria de Derechos Humanos, Lorena Recabarren, sobre los casos donde las “terapias de conversión” fuesen voluntarias, la moción aún descansa en el Senado. 

Para Tomás Ojeda, la falta de estadísticas de sobrevivientes y de personas que realicen prácticas de conversión a nivel nacional dificulta el avance del debate de la Ley. “En la legislación chilena hay una clara inclinación hacia el dato empírico: cuando una política pública no va de la mano de una estadística que permita justificar y convencer al resto de que es un tema relevante porque afecta a un número importante, es probable que se estanque”, explica.

Sin embargo, las cifras internacionales son contundentes. Un informe publicado en junio de 2020 por la Universidad de Leyes William Institute expuso que el 92% de las disidencias sexuales estadounidenses que sobrevivieron a prácticas de conversión sexual tienen ideaciones suicidas y que aumentan casi dos veces la posibilidad de consumarlas, en comparación a personas LGBTQI+ que no pasaron por ellas. Además, cuatro de cada cinco integrantes del estudio recibieron este procedimiento por parte de algún líder religioso.

Un mes después, y marcando un hito global, el Experto Independiente sobre orientación sexual e identidad de género de Naciones Unidas, Víctor Madrigal-Broloz, instó a los Estados del mundo a prohibir los procedimientos de conversión sexual. “Estas prácticas constituyen una violación flagrante de los derechos a la autonomía corporal, la salud y la libre expresión de la propia orientación sexual e identidad de género. En última instancia, cuando se llevan a cabo por la fuerza, también representan una violación a la prohibición de la tortura y los malos tratos”, expuso.

Diagnóstico de esperanza religiosa 

Las raíces de estos procedimientos tienen su origen en 1952, cuando la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) definió la homosexualidad como un trastorno mental, que luego fue clasificada como una desviación sexual. Ese fue el inicio de una progresiva patologización pública de las orientaciones sexuales distintas a la hetero, que unió a parte de la comunidad científica para buscar las causas de esta condición. 

Aun cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) desclasificó la homosexualidad como una enfermedad en 1990, muchos especialistas continuaron con la creencia de que podrían encontrar la raíz de lo que consideraban un problema, para así incluso revertirlo. 

Actualmente, tras la investigación publicada por el Colegio de Psicólogos en 2016 y las denuncias de organizaciones como el Movilh, es de conocimiento público que la Fundación Restauración encabeza la desconocida lista de centros terapéuticos que trabajan en tratamientos del AMS (Atracción hacia el Mismo Sexo) en Chile. Janet Noseda, fundadora de la Comisión de Género y Diversidad Sexual del Colegio en 2014, confirmó que realizan prácticas de conversión bajo esas siglas. 

Esta organización, según su página web, está integrada por la psicóloga Marcela Ferrer y su hijo Christián Schnake Ferrer, quien actualmente se desempeña como director del Centro de Psicología Integral de la Persona de la Universidad Finis Terrae. Schnake fue contactado a través del Departamento de Comunicaciones de la Universidad Finis Terrae para tener su postura sobre las terapias que realiza. Desde la entidad aseguraron que “no tiene disponibilidad horaria para atender estos requerimientos”.

Por su parte, Marcela Ferrer sigue ejerciendo como psicóloga y tiene una consulta privada. Al ser contactada aseguró que no hace terapias reparativas, “y si un paciente se atendió conmigo sabrás que no hago ni nunca hice terapia reparativa”. 

En su tesis para postular al grado de Magíster en Bioética de la Universidad Católica, afirma que existen causas que producen la homosexualidad y que al encontrarlas puede establecer mecanismos preventivos, “para enfrentarla desde la infancia”. 

“Esta investigación demuestra que la propaganda extendida por el lobby gay no ha tenido ninguna base. Deberíamos dejar de decir a los jóvenes, y a los demás que luchan con la homosexualidad, que dejen de hacerlo y asuman tal condición como algo normal. En vez de eso, deberíamos decirles: “Si quieres cambiar, es posible; muchos otros han podido’”, concluye en su tesis. Producto de la “esperanza” que promete en el sitio web de Fundación Restauración, Nicolás Donoso (31) llegó a su consulta en 2017.

Criado en una familia adventista, Donoso, “buscaba aprobación de figuras significativas fuera de casa y lo hice en la Iglesia”, rememora. Le contó a su mamá y a su papá que era gay cuando cursaba octavo básico y le dijeron que era una etapa y que se le pasaría. Continuó reprimiendo sus sentimientos hasta que decidió estudiar teología, pero no sin antes hablar con sus padres. Su papá aprovechó la instancia para alentarlo a visitar una página en internet donde encontró información sobre la homosexualidad y sus tratamientos. 

Nicolás entró al sitio web y leyó por primera vez el concepto terapia reparativa. “Allí conocí otras realidades y me di cuenta de lo ingenuo que fui al principio pensando que un método podría servir para todos”, comenta, “Ese momento fue un motor muy fuerte para seguir en esta línea de terapia reparativa y llegar a Marcela Ferrer”. 

Nicolás Donoso cuenta que llegó a la consulta de la psicóloga Marcela Ferrer en Santiago de Chile, para “sanar” su homosexualidad.

El psicólogo dice que Ferrer entendía su malestar, “porque leímos los mismos libros”. Comenzó a ir cada dos semanas, viajaba de Talca a Santiago y durante las conversaciones que mantuvieron hablaban de sus sentimientos sobre sentir atracción hacia los hombres. “Ella me dijo que habían cosas en mi que no iban a cambiar, pero que la terapia podría hacerme sentir mejor conmigo mismo. Y eso no era lo que buscaba”, cuenta. Él quería una conversión. 

Tomás Ojeda es enfático al decir que es importante no juzgar a las personas por buscar ayuda de este tipo. “La mayoría de las personas que acuden son personas que en un intento desesperado a esto que sienten y los desencaja y que los saca del proyecto o anhelo que tenía de sí mismo o del proyecto que tenían sus padres, la Iglesia o la sociedad en la que vive produce un dolor tal que necesitan eliminarlo. Y es ahí cuando la desinformación de lo perjudicial que pueden ser estas intervenciones juega un rol crucial”. 

“Es urgente tener un programa de educación sexual que entregue información científicamente veraz y explique que las orientaciones e identidades distintas a la heteronorma no son enfermedades”, sostiene, “todas las personas, sobre todo los niños, niñas y adolescentes, tienen que saber que estas prácticas son dañinas y que no existe evidencia que compruebe que la orientación sexual o identidad de género pueda cambiarse a fuerza de voluntad, de una terapia o de una oración”.

Poco antes de dejar la terapia con Marcela Ferrer, Nicolás vio el documental 7 Gay Adventist, el cual lo hizo detener su búsqueda de cambios. “Uno de los personajes principales estaba haciendo la misma terapia que tuve con Ferrer y no le funcionó, incluso estando en una etapa más avanzada”, recuerda. Ese fue el momento de quiebre. “Me di cuenta que muchas personas lo intentaron y no había funcionado”, añade.

“La fe no tiene que ser ciega”, sostiene Nicolás al hablar sobre las torturas que ocurren en las iglesias que practican estos procedimientos y el malestar que produce la psicoterapia cuando es utilizada con fines de conversión. “Cuando hay un asunto que se ha hecho muchas veces, pero que demuestra no resultar y que tiene efectos negativos, es muy perverso continuar”, sentencia.

Nicolás afirma que no recomendaría estas “terapias” hoy. “Han llegado varias personas a consultarme por sus orientaciones sexuales en sesiones y les pasaba lo mismo que a mi: les faltaba alguien que de alguna manera les diera el permiso de investigar y ver si realmente hay una posición donde su fe y su forma de ser no estén en pugna”, señala el psicólogo, “Solo estaban esperando que alguien les diga que sí pueden vivir”. 

Una carga invisible

La primera vez que las prácticas de conversión estuvieron en la agenda pública chilena fue en 2004, cuando universitarios y organizaciones de la sociedad civil se pronunciaron en contra de un seminario organizado por la Universidad de Los Andes que tuvo como invitado al psicólogo holandés Gerard Van Den Aardweg, quien habló sobre las posibilidad de “curar” la homosexualidad. Pero las instituciones públicas tardaron años en manifestar sus posturas. 

Recién en 2016, el Ministerio de Salud calificó las “terapias de conversión” como “una grave amenaza para la salud y el bienestar, inclusive la vida de las personas afectadas”. Ese mismo año el Colegio de Psicólogos instó al Estado a prohibirlas a través de una investigación. Pero estos procedimientos siguen ocurriendo a lo largo del país.

Cuando Patricio Correa (58) tenía diez años, su familia comenzó a sospechar que no era heterosexual. Pero él no había dicho ni hecho algo que demostrara su orientación sexual. Vivía con su madre y su hermana menor en casa de sus abuelos maternos en San Bernardo, Santiago. “Mi abuelo me golpeaba por ser mariquita, eran otros tiempos, y también comenzó con la idea de que estaba endemoniado”, rememora. En esa misma época afirma que fue encerrado y “limpiado” a través de un exorcismo. 

Creció pretendiendo ser heterosexual, pero su familia quiso asegurarse de que el cambio fuera permanente y lo llevaron con un psicólogo que les recomendaron cercanos. “Me preguntaban si me masturbaba pensando en hombres y que si lo hacía era un enfermo, me enseñaron a excitarme con mujeres y que ellas habían sido creadas para que me gustaran”.

A Patricio Correa también le enseñaron que la homosexualidad no estaba bien vista bajo los ojos de Dios.Lo obligarlon a casarse con una mujer.

Vivió fingiendo hasta que cumplió 18 años y sus abuelos lo obligaron a casarse con una mujer mayor a quien no conocía. “Querían asegurarse de que no ensuciaría el nombre de la familia”, cuenta.  

La documentación disponible demuestra que estas prácticas producen un deterioro significativo en el autoestima, el sentido de valencia y de quién eres a mediano y largo plazo, lo que puede llevar a que los sobrevivientes incurran en comportamientos de riesgo”, explica Tomás Ojeda. Patricio confiesa que ha tenido ideación suicida más de alguna vez en su vida producto de las experiencias de conversión a las que fue sometido. “Estas terapias te joden la vida”, concluye. 

Eliana opina lo mismo que Patricio sobre el impacto de estas terapias en su vida. Una vez que salió de cuarto medio cortó relación con toda su familia, excepto su hermana, y viajó a Santiago para estudiar Derecho. “Quería justicia”, sostiene.

“Aún tengo que procesar todo lo que viví”, dice cuando explica que está yendo a terapia psicológica actualmente. “Sobre mi identidad de género y orientación sexual, me gustan las mujeres, lo acepto y no tengo problema”, dice antes de respirar profundo y sonreír. “Por primera vez me estoy permitiendo explorar y conocerme, con miedo y emoción. Las puertas no se abrieron para mí, tuve que abrirlas para intentar sanar en un Estado que no me protege”.