“Nuestro sello ha estado inspirado más bien por los temas que nos gustan y que nos hacen más sentido”, nos contó uno de sus fundadores, Gonzalo Badal.

En 1993, en una pequeña pieza de dos metros cuadrados armada en el patrio trasero de su casa, Gonzalo Badal armó lo que hoy Chile conoce como Editorial Ocho Libros.

Antes, nacieron “Adagio” (1988) y “Bajo Cuerdas” (1991), revistas de música que Badal resume como “experiencias freaks”, pero que terminaron por dar a la luz a la editorial.

“A poco andar, después de trabajar juntos en una publicación de gran formato titulada ‘Balmes, Viaje a la Pintura’, se incorporó el artista visual Carlos Altamirano, quien hoy es Director de Arte. Más tarde, a principios de los 2000, cuando la editorial fue creciendo, llegó María José Thomas, licenciada en literatura, quien además de desarrollar la línea infantil es la actual Directora de Ventas de Ocho Libros. Finalmente, hace un año se incorporó como socio el periodista Mario Cavalla, quien está explorando toda una línea de publicaciones sobre Patrimonio Cultural y Gastronomía”, cuenta.

La idea del trabajo en conjunto con diferentes profesionales se basa en la producción de libros de arte, diseño y fotografías.

Por lo mismo abrieron una serie de trabajos que siguen líneas relacionadas a las causas medioambientales. De aquí se lanzaron producciones como “La Tragedia del Bosque Chileno”, otro volumen fue “Patagonia Chilena Sin Represas” que nace a partir de la amistad con el filántropo Douglas Tompkins y se posiciona a través del movimiento nacional contra el proyecto que “destruía varios ecosistemas del sur del país”.

En los últimos 10 años han publicado libros de fotografías sobre muralismo, arte callejero, comics y novelas gráficas y una serie de libros infantiles bajo el nombre “Ochodrilos”.

Publicación y bibliodiversidad

A medida que el mercado avanza se van construyendo los títulos que se irán publicando, basados en criterios de novedad, masividad, costos, reconocimiento del autor entre otros. Sin embargo en Ocho Libros las ideas han ido por otros caminos.

“Nuestro sello ha estado inspirado más bien por los temas que nos gustan y que nos hacen más sentido. En ese contexto, una importante tendencia en Chile y en el mundo, impulsada por los editores independientes, ha sido la construcción de catálogos que reflejen la bibliodiversidad de un país, es decir la diversidad cultural expresada en libros, temas conectados con las identidades y problemáticas propias. Esto ha abierto un importante espacio para la creación, difusión y circulación de autores, ideas, relatos e ilustraciones de nuestro imaginario local. Una importante muestra de esto es la Primavera del Libro, feria creada por Editores de Chile y que la última versión reunió a más de 140 sellos distintos en el parque Bustamante”, dice Gonzalo.

Según como pasa el tiempo se han ido asociando con otras editoriales como Editores Independientes, con el apoyo de ProChile y Corfo han ido visibilizando los libros chilenos en el mundo. “El actual Plan Nacional de la Lectura impulsado por el gobierno de Bachelet es fruto de ese espíritu”, explica.

“Entendemos que como país, es fundamental promover y fortalecer la cadena de la creación y producción intelectual propia; democratizar el libro en su acceso y prácticas lectoras, en sus posibilidades creativas, estimulando la reflexión y un horizonte de pensamiento crítico más amplio. Así es, para pensar Chile, para ser una sociedad desarrollada, con una educación de calidad, es imprescindible terminar con los bajos niveles de comprensión lectora”, finaliza.


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